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INFORME DE LA VISITA A LAS SUCURSALES DE BRASIL Y PARAGUAY
Por MaccarroneRober
Hola queridos hermanos y amigos, ayer subieron al sitio la visita que hizo un ayudante del Cuerpo Gobernante, con su esposa y otro matrimonio. La verdad que estamos cerca de Brasil y Paraguay, solo conocemos con mi esposa Brasil en 1980 cuando teníamos una proscripción en Argentina y viajamos en avión hasta Brasil.
De Paraguay tenemos amigos, hemos estado comunidacos por años con el Coordinador de la Sucursal y conocemos a otros hernanos, así que me emocioné de saber de ellos y el progreso de la obra, en particular con los distintos idiomas que se hablan en esos dos territorios de las sucursales.
Aprovecho para enviarles nuestros cariños con mi esposa Carolina, de paso les cuento que este 03 de agosto cumplimos 50 años de casados, y estamos muy felices. Aprovecho para enviarles los buenos deseos para todos ustedes, "primero Jehová", como dicen en Centroamérica y será hasta pronto.
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actividades 2023-07-31
Por Flamisell
Comparto con vosotros la hoja de actividades para la reunión VMC de esta semana. Son una iniciativa personal, sin ninguna vinculación a la página oficial de los Testigos Cristianos de Jehová (jw.org) con el único propósito de ayudar a los más pequeños a seguir con atención las reuniones de entre semana.
Muchas gracias a todos vosotros y espero que todo siga siendo para la honra de Jehová (Salmo 145:2)
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Transcripción del Informe de la sucursal de la República Democrática del Congo
Por jonh_lsm
Transcripción del Informe de la sucursal de la República Democrática del Congo.
Formato EPUB y PDF.
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INFORME DE LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO: FECHA 28-07-2023
Por MaccarroneRober
Queridos hermanos recien acabo de transcribir el informe de la República Democrática del Congo, y ahora a compartirlo.
Datos muy buenos, aunque sufrieron como en todo el mundo de la Pandemia COVID-19. Han tenido 5 veces más de concurrencia sobre la cantidad de publicadores.
113 Comités de socorro repartieron 3.000 toneladas de alimento, fue un testimonio muy grande sobre como Jehová ayuda y cuida a su pueblo, y la gente de otras religiones.
Que bueno es saber estos detalles, nos pone contentos y así sabemos como están nuestros hermanos en la fe a travéz del Planeta.
Los saludo con mucho cariño y esperamos que Jehová nos siga cuidando y protegiendo de todo lo malo que pasa en este mundo cuyo gobernante es el Diablo.
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ARCHIVO DE UNA ADORACIÓN MATUTINA DE LA CENTRAL MUNDIAL, LLAMADA DE LAS PRIMERAS. Stephen Lett - El orgullo conduce al desastre (Prov. 16:18)
Por MaccarroneRober
Estoy tratando de completar las adoraciones, primeras que se han subido al sitio, algunas no tienen subtitulo, está si, entonces ya tenemos más de 150 entre todas. faltan algo como 70 más, Jehová primero las iremos completando con el curso de los próximos días.
Un abrazo para todos. An de paso, subí el archivo ¿Cómo es trabajar con los testigos de Jehová? Mientras iba escribiendo el texto y agregando las imágenes, note que no se escucha la voz de ningún testigo, solo hablan los contratistas, claro, los testigos no vamos a hablar de nosotros mismos, "mejor que te alaben los labios de un extranjero, en vez de hacerlo nosotros mismos.
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ARCHIVOS PARA LA REUNIÓN DE ENTRESEMANA FECHA: 31 DE JULIO AL 06 DE AGOSTO 2023
Por MaccarroneRober
Queridos hermanos, acá les comparto estos archivos para la semana del: 31 DE JULIO AL 06 DE AGOSTO 2023
Siempre son los dos formatos, word y pdf, y con variante de que algunos no tienen imágenes. Es solo el texto.
Es un placer estar conectados varios días a la semana con ustedes que son colaboradores y valoran el trabajo personal como el de otros colaboradores. Desde Argentina, les saludamos con mi esposa Carolina y nos veremos pronto.
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Consideracion para predicacion
Por IvaNO 1992
Para considerar en las reuniones de predicacion (recuerde no debe durar mas de 7 min).
Temas:
-Usemos los tratados para difundir las buenas nuevas
-Revistas para todo tipo de público
-¿Seré un buen compañero?
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- predicacion
- tratados
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Programa de acomodadores
Por IvaNO 1992
Idea para un programa de acomodadores/microfonistas
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- programa
- acomodadores
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niños Hoja de actividades para las reuniones para niños
Por IvaNO 1992
Configura la impresora para imprimir por ambos lados y dobla por en medio.
Se imprime en hoja tamaño carta, al doblarla quedan 4 paginas.
Actividades:
-Escribir su nombre
-Escribir dos perlas
-Anotar la cantidad de veces que escucha una palabra
-Anotar el nombre del orador
-Dibujar la corbata del orador
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Manual para crear cuenta en JW.HUB
Por IvaNO 1992
Solo es para crear la cuenta.
Si necesita acceso a solicitudes necesita hablar con el Secretario de la congregación.
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RECOPILACIÓN DE TEXTOS BIBLICOS EXPLICADOS: FECHA 24-07-2023
Por MaccarroneRober
Hola queridos hermanos y amios, les estoy compartiendo la recopilación de la sesión: Textos de la Biblia explicados, con fecha: 24-07-2023
Es un placer seguir una serie que se publica en el sitio y aglegarlo a toda la lista de los que se han subido al sitio.
Recuerden que cada explicaciión de los textos tiene un agregado en un frase o comentario que anima a pensar como explicar el texto de la Biblia, esta vez, se arego el último que es que se ha subido al sitio JW.
Y la frase es esta:
¿Es posible sentir paz perfecta? ¿Quiénes son los “de firme propósito”?
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RECOPILACIÓN DE ADORACIONES MATUTINAS: FECHA 22-07-2023
Por MaccarroneRober
Queridos hermanos y amigos, acá les aportado este archivo que tiene que ver con las "Adoraciones matutinas" según las Escrituras Hebreas. La fecha es: 22-07-2023.
Como siempre el motivo es el amor a toda la hermanad, y que pueda ser útil para los hermanos, como parientes, otros hermanos y en particular con los cursos bíblicos.
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SOLO LISTA DE RECOPILACIONES DE ADORACIONES MATUTINAS DE LA CENTRAL MUNDIAL: FECHA 22-07-2023
Por MaccarroneRober
Queridos hermanos acá les comparto la lista actualizada de las adoraciones en español subidas al sitio y tiene como fecha: 22-07-2023
Como siempre, estoy tratando con la ayuda de Jehová, de estar al día con todos los archivos teocráticos. Confío que sea útil para todos ustedes. Desde Argentina y junto a mi esposa Carolina les enviamos nuestro amor cristiano.
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ADORACIÓN MATUTINA DE LA CENTRAL MUNDIAL: FECHA 22-07-2023
Por MaccarroneRober
Hola queridos hermanos, completé la segunda adoración matutina de la Central Mundial es: Christopher Mavor Averigüemos cuáles son nuestros motivos (Prov. 16:2)
Realmente, este discurso es fortalecedor, al recordar que nuestro corazón es traicionero, y hay que luchar por ser obedientes a Jehová y dejar de pensar en nosotros, sino pensar en lo que le agrada a nuestro Dios Jehová. Esperemos que les sea de utilidad. Siempre les recuerdo a los hermanos con quien comparto transcripciones, que el texto no cambia el ver el video, ver las expresiones faciales del orador y con que intensidad habla en su discurso, y luego si uno quiere recordar partes del mismo, es bueno tener a mano el texto de todo lo que se habla en el video.
Aprovecho para enviarles mis cariños más sinceros junto a mi esposa. Desde Argentina y para todo los que están esparcidos por todo el mundo les deseamos muchas bendiciones de parte de Jehová.
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ADORACIÓN MATUTINA DE LA CENTRAL MUNDIAL - NUEVO DISCURSO: FECHA 22-07-2023
Por MaccarroneRober
Queridos hermanosy amigos, les comparto una de las adoraciones que se subieron en el día de ayer al sitio y es un placer transcribirlo y compartirlo. Como breve adelanto, estamos bien alimentados por el Esclavo Fiel y Prudente, y en especial con la revista La Atalaya y por sobre todo se nos anima a luchar por la unidad, en la familia, con los hermanos, coin la congregación, con la organización, no importa donde sirvamos, si es Betel o en el pueblo donde nacimos y crecido.
Agradecemos a Jehová y vaya la gloria solo a él por todo lo que nos dá. Lo nuestro es solo compartir, y esperamos que sea útil para su estudio personal y que puedan compartir con aquellos hermanos mayores, o enfermizos que no pueden hacer de la tecnología algo sencillo, como quizás no nos cuesta tanto a otros.
Desde Argentina y con mi esposa Carolina les enviamos nuestros más sinceros cariños de hermanos.
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actividades 2023-07-24
Por Flamisell
Comparto con vosotros la hoja de actividades para la reunión VMC de esta semana. Son una iniciativa personal, sin ninguna vinculación a la página oficial de los Testigos Cristianos de Jehová (jw.org) con el único propósito de ayudar a los más pequeños a seguir con atención las reuniones de entre semana.
Muchas gracias a todos vosotros y espero que todo siga siendo para la honra de Jehová (Salmo 145:2)
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RECOPILACIÓN Y ACTUALIZACIÓN DE LA SERIE DE ARTÍCULOS: ESTEMOS SIEMPRE VIGILANTES
Por MaccarroneRober
Hola queridos hermanos y amigos, les comparto este material actualizado de la recopilación: ESTEMOS SIEMPRE VIGILANTES. Ola de calor mundial en el 2023 | ¿Qué dice la Biblia?
Siempre que aparece un tema nuevo de alguna serie, estaré dispuesto a recopilar y enviar el contenido. Espero que sea útil para todos ustedes. Aprovecho para enviarles nuestros cariños con mi esposa y desear seguir haciendo la voluntad de Jehová y obtener su aprobación.
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ARCHIVOS PARA LA REUNIÓN DE ENTRESEMANA FECHA:24 AL 30 DE JULIO 2023
Por MaccarroneRober
Hola queridos hermanos y amigos, acá les comparto la información por medio de archivos para la reunión de entresemana Fecha: 24 AL 30 DE JULIO 2023.
Verán que están en varios formatos, desde word y pdf, algunos vienen sin imágenes. Y como siempre, con: párrafos, negritas, cursivas y recuadros en la imágenes.
Desde Argentinas, les envío los saludos míos y de mi esposa Carolina, deseando que la Bondad de Jehová esté con todos nosotros y toda la hermandad sobre la Tierra.
Será hasta el próximo encuentro.
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Semana 17-23 de julio respuestas a la parte: La obediencia nos protege.docx
Por pabloyfatima
Es casi una transcripción del vídeo, aunque no está todo están las respuestas a las preguntas. Espero que les ayude.
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Estudio de la 1ª carta de Juan cap 5 .docx
Por Erich2030
Estudi
CAPÍTULO 5 Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios. Y todo el que ama al que causó el nacimiento ama a quien ha nacido de él. 2 Por esto sabemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. 3 Porque el amor a Dios consiste en esto: en que obedezcamos sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga, 4 porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe.
1 Πᾶς ὁ πιστεύων ὅτι Ἰησοῦς ἐστὶν ὁ χριστὸς ἐκ τοῦ θεοῦ γεγέννηται, καὶ πᾶς ὁ ἀγαπῶν τὸν γεννήσαντα ἀγαπᾷ [καὶ] τὸν γεγεννημένον ἐξ αὐτοῦ. 2 ἐν τούτῳ γινώσκομεν ὅτι ἀγαπῶμεν τὰ τέκνα τοῦ θεοῦ, ὅταν τὸν θεὸν ἀγαπῶμεν καὶ τὰς ἐντολὰς αὐτοῦ ποιῶμεν· 3 αὕτη γάρ ἐστιν ἡ ἀγάπη τοῦ θεοῦ ἵνα τὰς ἐντολὰς αὐτοῦ τηρῶμεν, καὶ αἱ ἐντολαὶ αὐτοῦ βαρεῖαι οὐκ εἰσίν, 4 ὅτι πᾶν τὸ γεγεννημένον ἐκ τοῦ θεοῦ νικᾷ τὸν κόσμον. καὶ αὕτη ἐστὶν ἡ νίκη ἡ νικήσασα τὸν κόσμον, ἡ πίστις ἡμῶν·
Juan pasa a mostrar lo que realmente significa amar a Dios. ( 1 Juan 5:1-5.) En primer lugar, el apóstol señala que “todo el que cree que Jesús es el Cristo —el Mesías, o Ungido de Jehová— ha nacido de Dios”, o sea, ha sido engendrado con espíritu procedente de Jehová. Además, todo el que ama al Progenitor, Jehová, ama a cualquier otra persona que ha “nacido de ése”. Sí, todos los hijos ungidos de Dios lo aman y se esperaría que ellos se amaran unos a otros. Tal amor fraternal es también una característica de la “gran muchedumbre” de “otras ovejas” que tienen esperanza terrestre. (Juan 10:16; Revelación 7:9.)
El amor de Dios es eterno.- Jehová ya lo amaba a usted antes de que usted lo amara a él. La Biblia dice que “nosotros amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Piense en todo lo que Jehová ha hecho para demostrarnos que nos ama. Nos ha dado un hermoso hogar —la Tierra— y todo lo que necesitamos para disfrutar de la vida (Mateo 5:43-48; Apocalipsis 4:11). Desea que seamos sus amigos y nos ha dado lo necesario para conocerlo. Cuando leemos la Biblia, escuchamos a Jehová. Y él nos escucha a nosotros cuando le oramos (Salmo 65:2). También nos guía y nos da fuerzas con su poderoso espíritu santo (Lucas 11:13). Incluso envió a su amado Hijo a la Tierra para liberarnos del pecado y la muerte ( Juan 3:16; Romanos 5:8).
Piense en uno de sus mejores amigos, alguien que ha estado a su lado en los momentos buenos y en los malos. Si queremos mantener una amistad así, tenemos que esforzarnos. Lo mismo sucede con nuestra amistad con Jehová, el mejor amigo que podemos tener. De hecho, nuestra amistad con él puede ser eterna. Para eso hay que “mantenerse en el amor de Dios” (Judas 21). ¿Qué debemos hacer para no perder el amor de Dios y demostrarle nuestro amor? La Biblia responde: “El amor a Dios consiste en esto: en que obedezcamos sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga” (1 Juan 5:3).
Recuerde lo que sintió al saber que Jehová quiere que usted viva para siempre en el nuevo mundo. Aprendió todo lo que Dios ha hecho para que eso sea posible y comprendió que él nos hizo un regalo muy valioso al enviar a su Hijo a la Tierra (Mateo 20:28; Juan 8:29; Romanos 5:12, 18). Lo conmovió descubrir lo mucho que Jehová lo ama, y entonces empezó a amarlo ( 1 Juan 4:9, 10).
Pero el amor a Dios que sintió en ese momento fue solo el primer paso. Por ejemplo, cuando amamos a alguien, no solo le decimos “Te quiero”. También nos gusta hacer las cosas que hacen feliz a esa persona. Del mismo modo, cuando usted empezó a amar a Jehová, decidió vivir de la manera que a él le agrada. Y, cuando ese amor creció, es probable que se dedicara a él y se bautizara. Al dedicarse, le prometió a Jehová que le serviría para siempre ( Romanos 14:7, 8).
Para demostrarle a Jehová que lo amamos, es necesario que “obedezcamos sus mandamientos”. En la Biblia, Jehová nos dice cómo quiere que vivamos. Por ejemplo, nos dice que no debemos emborracharnos, ni robar, ni mentir, ni tener relaciones sexuales con alguien con quien no estemos casados, ni adorar nada ni a nadie salvo a él (1 Corintios 5:11; 6:18; 10:14; Efesios 4:28; Colosenses 3:9).
Pero para agradar a Jehová no basta con obedecer sus mandamientos. No nos ha dado una larga lista de leyes para cada situación en la vida. Así que en ocasiones no habrá una ley específica en la Biblia que nos diga lo que debemos hacer. Entonces, ¿cómo podemos tomar buenas decisiones? (Efesios 5:17). La Biblia contiene principios, que son verdades básicas que nos enseñan cómo ve Jehová los asuntos. Al leer la Biblia, descubrimos la personalidad de Jehová. Aprendemos lo que le gusta, lo que odia y muchas otras cosas sobre su manera de pensar ( Salmo 97:10; Proverbios 6:16-19).
Por ejemplo, ¿cómo decidimos lo que veremos en la televisión o en Internet? Jehová no nos dice de manera específica lo que debemos hacer. Pero nos da principios que nos ayudarán a tomar buenas decisiones. Gran parte del entretenimiento está lleno de violencia y sexo. En la Biblia, Jehová nos dice que “odia a todo el que ama la violencia” y que “juzgará a los que son sexualmente inmorales” (Salmo 11:5; Hebreos 13:4). ¿Cómo nos ayudan estos principios a tomar buenas decisiones? Cuando aprendemos lo que Jehová odia o lo que es inmoral desde su punto de vista, lo evitamos.
¿Por qué obedecemos a Jehová? No lo hacemos solo para evitar el castigo o las consecuencias de las malas decisiones (Gálatas 6:7). Más bien, obedecemos a Jehová porque lo amamos. Tal como un niño quiere hacer feliz a su padre, nosotros queremos hacer feliz a nuestro Padre celestial. No hay nada mejor que saber que tenemos su aprobación (Salmo 5:12; Proverbios 12:2).
Obedecemos a Jehová no solo cuando es fácil o cuando no tenemos otra opción. Y no escogemos qué leyes y normas obedeceremos y cuáles no (Deuteronomio 12:32). Más bien, obedecemos a Jehová en todas las cosas, como el escritor del salmo que dijo: “Les tengo cariño a tus mandamientos, los amo de verdad” (Salmo 119:47; Romanos 6:17). Queremos ser como Noé, que demostró que amaba a Jehová haciendo todo lo que le mandó. La Biblia dice que Noé “lo hizo tal como él había dicho” (Génesis 6:22). ¿Le gustaría que Jehová también dijera eso de usted?
¿Cómo se siente Jehová cuando lo obedecemos? Se alegra mucho (Proverbios 11:20; 27:11). ¿Verdad que es algo impresionante? Hacemos feliz al Creador del universo cuando lo obedecemos. Pero él nunca nos obliga a hacerlo. Al contrario, nos ha dado libertad para elegir entre hacer lo que está bien y lo que está mal. Jehová quiere que el amor que sentimos por él nos impulse a tomar buenas decisiones para que nos vaya bien en la vida (Deuteronomio 30:15, 16, 19, 20).
¿Deberíamos pensar que los mandamientos de Jehová son demasiado difíciles de obedecer o que nos quitan libertad? La Biblia dice con claridad: “Sus mandamientos no son una carga” (1 Juan 5:3). La palabra griega βαρεῖαι. Bareiai de βαρύς, εῖα, ύ, que aquí se traduce “carga” significa “pesado, opresivo ”. En otros textos bíblicos, esta palabra se usa para referirse a normas poco razonables o a personas que intentan controlar o hacer daño a los demás (Mateo 23:4; Hechos 20:29, 30).
Alude a algo a lo que cuesta conformarse o que es difícil de cumplir. En Mateo 23:4 se emplea la misma palabra para referirse a las “cargas pesadas” —reglas y tradiciones humanas— que los escribas y fariseos imponían sobre el pueblo. ¿Capta el sentido de lo que el anciano apóstol Juan está diciendo? Los mandamientos divinos no son una carga pesada ni son demasiado difíciles de cumplir. (Compárese con Deuteronomio 30:11.) Al contrario, si amamos a Dios, nos alegra satisfacer sus requisitos. Hacerlo nos da una magnífica oportunidad de demostrar el amor que le tenemos a Jehová.
Al indicar que los mandamientos de Jehová no son pesados, la Biblia aclara que no son demasiado difíciles de obedecer. Todo lo que Jehová nos pide es muy razonable.
Por ejemplo, imagínese que está ayudando a un amigo a cambiarse de casa. Él ha guardado todas sus cosas en cajas. Algunas de ellas pesan poco y son fáciles de llevar, mientras que otras son tan pesadas que se tienen que llevar entre dos personas. ¿Verdad que su amigo no le pediría que llevara una caja muy pesada usted solo? Claro que no. ¿Por qué razón? Porque no quiere que usted se haga daño. Jehová es como ese buen amigo. Nunca nos pediría algo que fuera demasiado difícil (Deuteronomio 30:11-14). Jehová comprende quiénes somos, pues “sabe bien cómo estamos formados, se acuerda de que somos polvo” (Salmo 103:14).
Moisés le dijo a la nación de Israel que los mandamientos de Jehová siempre eran para su bien y que obedecerlos los ayudaría a seguir vivos (Deuteronomio 5:28-33; 6:24). Lo mismo pasa hoy. Todo lo que Jehová nos pide es para nuestro bien ( Isaías 48:17). Nuestro Padre, Jehová, siempre sabe lo que es mejor para nosotros (Romanos 11:33). La Biblia nos dice que “Dios es amor” (1 Juan 4:8). Esto significa que todo lo que Jehová dice y hace es por amor.
No siempre nos resulta fácil obedecer a Dios. El mundo malvado que nos rodea está gobernado por el Diablo. Él intenta influir en la gente para que haga cosas malas (1 Juan 5:19). Como somos imperfectos, también tenemos que luchar contra pensamientos y sentimientos que podrían llevarnos a desobedecer a Dios (Romanos 7:21-25). Pero nuestro amor por Jehová nos da las fuerzas para hacer lo que está bien. Dios ve los esfuerzos que hacemos por obedecerlo y nos ayuda con su poderoso espíritu santo (1 Samuel 15:22, 23; Hechos 5:32). Gracias a su espíritu, podemos desarrollar cualidades que nos ayudan a obedecerlo (Gálatas 5:22, 23).
5 ¿Quién puede vencer al mundo? ¿No es el que tiene fe en que Jesús es el Hijo de Dios? 6 Este es el que vino por medio de agua y sangre, Jesucristo; no solo con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el espíritu da testimonio, porque el espíritu es la verdad. 7 Porque son tres los que dan testimonio: 8 el espíritu, el agua y la sangre, y los tres están de acuerdo.
5 τίς ἐστιν ⇔ δὲ ὁ νικῶν τὸν κόσμον εἰ μὴ ὁ πιστεύων ὅτι Ἰησοῦς ἐστὶν ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ; 6 Οὗτός ἐστιν ὁ ἐλθὼν δι' ὕδατος καὶ αἵματος, Ἰησοῦς Χριστός· οὐκ ἐν τῷ ὕδατι μόνον ἀλλ' ἐν τῷ ὕδατι καὶ ἐν τῷ αἵματι· καὶ τὸ πνεῦμά ἐστιν τὸ μαρτυροῦν, ὅτι τὸ πνεῦμά ἐστιν ἡ ἀλήθεια. 7 ὅτι τρεῖς εἰσὶν οἱ μαρτυροῦντες, 8τὸ πνεῦμα καὶ τὸ ὕδωρ καὶ τὸ αἷμα, καὶ οἱ τρεῖς εἰς τὸ ἕν εἰσιν
Ya que la fe en Jesús es tan importante para que seamos ‘vencedores del mundo’, Juan cita algunos hechos respecto a Cristo que fueron dados por “tres que dan testimonio”. (1 Juan 5:6-8.) Primeramente, Juan dice que Jesús “vino por medio de agua”. Cuando Jesús fue bautizado en agua para simbolizar que se estaba presentando a sí mismo a Dios, Jehová declaró: “Éste es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado”. (Mateo 3:17.) Cristo también fue señalado como el Hijo de Dios “con la sangre” que derramó al morir como rescate. (1 Timoteo 2:5,6.) Además, Juan dice: “El espíritu [santo] es lo que está dando testimonio, porque el espíritu es la verdad”. El que el espíritu descendiera sobre Jesús al ser bautizado probó que él era el Hijo de Dios. (Mateo 3:16; Juan 1:29-34.) El espíritu de Jehová hizo posible que Jesús llevara a cabo su comisión y ejecutara obras poderosas. (Juan 10:37, 38; Hechos 10:38.) Mediante el espíritu, Dios causó una extraña oscuridad, un terremoto y que la cortina del santuario se rasgara cuando Jesús murió, y entonces, por medio del mismo espíritu, Dios lo resucitó. (Mateo 27:45-54.)
¿Cómo dieron testimonio el agua, la sangre y el espíritu de que “Jesús es el Hijo de Dios”? El agua dio testimonio porque cuando Jesús se bautizó en agua, Jehová expresó que lo aprobaba como Hijo suyo (Mat. 3:17). La sangre, que representa la vida que Jesús ofreció como “rescate correspondiente por todos”, también demostró que Cristo es el Hijo de Dios (1 Tim. 2:5, 6). Y el espíritu santo dio testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios cuando descendió sobre él durante su bautismo, lo que le permitió ir “por la tierra haciendo bien y sanando a todos los que eran oprimidos por el Diablo” (Juan 1:29-34; Hech. 10:38).
Puede notarse en primer lugar que las palabras “en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos tres son uno” (Mod), que se hallan en traducciones antiguas de 1 Juan 5:7, son en realidad añadiduras espurias al texto original. La traducción Moderna dice en su nota marginal: “El texto entre corchetes, no se halla en MSS. [manuscritos] de más autoridad”. Además, una nota al pie de la página que aparece en la Biblia de Jerusalén, traducción católica, dice que estas palabras son “un inciso [...] ausente de los mss griegos antiguos, de las antiguas versiones y de los mejores mss de la Vulg[ata]”. La obra A Textual Commentary on the Greek New Testament (de Bruce Metzger, 1975, págs. 716-718) traza en detalle la historia de este pasaje espurio. Dice que se encuentra por primera vez en un tratado del siglo IV, titulado Liber Apologeticus, y que aparece en antiguos manuscritos latinos y de la Vulgata a partir del siglo VI. Las traducciones modernas en general, tanto católicas como protestantes, no lo incluyen en el cuerpo principal del texto por reconocer que es de naturaleza espuria (NBE, BJ, VP).
Ejemplos:
Westcott and Hort
οτι τρεις εισιν οι μαρτυρουντες
Tischendorf
οτι τρεις εισιν οι μαρτυρουντες
7 ὅτι τρεῖς εἰσὶν οἱ μαρτυροῦντες, 8 τὸ πνεῦμα καὶ τὸ ὕδωρ καὶ τὸ αἷμα, καὶ οἱ τρεῖς εἰς τὸ ἕν εἰσιν.
μαρτυροῦντες del verbo μαρτυρέω, dar testimonio
τὸ πνεῦμα de πνεῦμα, ατος, τό , espíritu
τὸ ὕδωρ de ὕδωρ, ὕδατος, τό, agua
τὸ αἷμα de αἷμα, ατος, τό, sangre,
οἱ τρεῖς εἰς τὸ ἕν εἰσιν y los tres concuerdan, están de acuerdo
9 Nosotros aceptamos el testimonio de los hombres, pero el testimonio de Dios es superior. Porque este es el testimonio que Dios da: el testimonio que dio sobre su Hijo. 10 La persona que pone su fe en el Hijo de Dios lleva el testimonio en su interior. La persona que no tiene fe en Dios lo hace quedar como mentiroso, porque no ha puesto su fe en el testimonio que Dios dio sobre su Hijo. 11 Y este es el testimonio: Dios nos dio vida eterna, y esa vida está en su Hijo. 12 El que tiene al Hijo tiene esa vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene esa vida.
9 εἰ τὴν μαρτυρίαν τῶν ἀνθρώπων λαμβάνομεν, ἡ μαρτυρία τοῦ θεοῦ μείζων ἐστίν, ὅτι αὕτη ἐστὶν ἡ μαρτυρία τοῦ θεοῦ ὅτι μεμαρτύρηκεν περὶ τοῦ υἱοῦ αὐτοῦ. 10 ὁ πιστεύων εἰς τὸν υἱὸν τοῦ θεοῦ ἔχει τὴν μαρτυρίαν ἐν αὑτῷ / ἑαυτῷ· ὁ μὴ πιστεύων τῷ θεῷ ψεύστην πεποίηκεν αὐτόν, ὅτι οὐ πεπίστευκεν εἰς τὴν μαρτυρίαν ἣν μεμαρτύρηκεν ὁ θεὸς περὶ τοῦ υἱοῦ αὐτοῦ. 11 καὶ αὕτη ἐστὶν ἡ μαρτυρία, ὅτι ζωὴν αἰώνιον ἔδωκεν «ὁ θεὸς» ⇔ ἡμῖν, καὶ αὕτη ἡ ζωὴ ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ ἐστίν. 12ὁ ἔχων τὸν υἱὸν ἔχει τὴν ζωήν· ὁ μὴ ἔχων τὸν υἱὸν τοῦ θεοῦ τὴν ζωὴν οὐκ ἔχει.
Dios mismo ha dado testimonio respecto a su Hijo. (1 Juan 5:9-12.) “Si recibimos [como verdadero] el testimonio [imperfecto] que los hombres dan [como acostumbramos hacer en conversación y en un tribunal], el testimonio que Dios da es mayor.” (Juan 8:17, 18.) Puesto que ‘Dios no puede mentir’, podemos confiar completamente en ‘el testimonio que él ha dado respecto a su Hijo’. Y Jehová ha dicho que Jesucristo es su Hijo. (Tito 1:2; Mateo 3:17; 17:5.) Además, Dios estaba detrás de los “tres que dan testimonio”, o sea, Su espíritu santo, el agua en que fue bautizado Jesús y la sangre derramada de Cristo.
“La persona que pone su fe en el Hijo de Dios tiene el testimonio dado en su propio caso” porque toda la evidencia le convence de que Jesús es el Hijo de Dios. Pero “la persona que no tiene fe en Dios” como testigo confiable respecto a Su Hijo, hace que Jehová parezca mentiroso. Por cierto, el resumen del testimonio dado es “que Dios nos dio vida eterna, y esta vida está en su Hijo”. La salvación a vida eterna es posible solo mediante fe en que Jesús es el Hijo de Dios. (Juan 11:25, 26; 14:6; 17:1-3.) De modo que, “el que tiene al Hijo” por medio de creer en él, tiene el don inmerecido de vida eterna. (Juan 20:31.) Pero cualquier persona que carezca de fe en Jesús como el Hijo de Dios no disfrutará de “esta vida”.
Análisis versículos 9-11
9 Nosotros aceptamos el testimonio de los hombres, pero el testimonio de Dios es superior. Porque este es el testimonio que Dios da: el testimonio que dio sobre su Hijo.
9 εἰ τὴν μαρτυρίαν τῶν ἀνθρώπων λαμβάνομεν, ἡ μαρτυρία τοῦ θεοῦ μείζων ἐστίν, ὅτι αὕτη ἐστὶν ἡ μαρτυρία τοῦ θεοῦ ὅτι μεμαρτύρηκεν περὶ τοῦ υἱοῦ αὐτοῦ.
Literalmente: εἰ ( Si ) τὴν μαρτυρίαν ( el testimonio) τῶν ἀνθρώπων ( de los hombres) λαμβάνομεν del verbo λαμβάνω ,en presente de indicativo, voz activa indicando condición verdadera( aceptamos, recibimos). Puesto que las condiciones para un testimonio legalmente válido están establecidas en (Deuteronomio 19:15) 15 ”Un solo testigo no puede condenar a nadie, sin importar el error o pecado que la persona haya cometido. El asunto debe confirmarse con el testimonio de dos o tres testigos...
(Mateo 18:16) 16 Pero, si no escucha, vuelve acompañado de una o dos personas más para que todo asunto pueda confirmarse con el testimonio de dos o tres testigos.
ἡ μαρτυρία ( el testimonio) τοῦ θεοῦ ( de Dios) μείζων( mayor) ἐστίν(es) porque Dios es siempre veraz
Ὅτι ( porque) αὕτη (este) ἐστὶν( es) ἡ μαρτυρία ( el testimonio) τοῦ θεοῦ ( de Dios) ὅτι ( que) μεμαρτύρηκεν, perfecto de indicativo en voz activa del verbo μαρτυρέω ( él ha testificado, el testimonio que ha dado) περὶ ( concerniente, acerca de)τοῦ ( de) υἱοῦ ( Hijo) αὐτοῦ ( su).
10 La persona que pone su fe en el Hijo de Dios lleva el testimonio en su interior. La persona que no tiene fe en Dios lo hace quedar como mentiroso, porque no ha puesto su fe en el testimonio que Dios dio sobre su Hijo.
10 ὁ πιστεύων εἰς τὸν υἱὸν τοῦ θεοῦ ἔχει τὴν μαρτυρίαν ἐν αὑτῷ / ἑαυτῷ· ὁ μὴ πιστεύων τῷ θεῷ ψεύστην πεποίηκεν αὐτόν, ὅτι οὐ πεπίστευκεν εἰς τὴν μαρτυρίαν ἣν μεμαρτύρηκεν ὁ θεὸς περὶ τοῦ υἱοῦ αὐτοῦ.
ὁ πιστεύων ( el creyente, la persona que pone fe) εἰς ( en) τὸν υἱὸν( el Hijo ) τοῦ θεοῦ( de Dios) ἔχει( del verbo ἔχω, tener, llevar, poseer) τὴν μαρτυρίαν ( el testimonio) ἐν αὑτῷ ( en su interior)
Ahora se establece una distinción con la persona que μὴ πιστεύων ( no tiene fe) en Dios y que , por tanto, hace quedar a Dios por mentiroso ( ψεύστην, de ψεύστης, ου, ὁ) ya que ( οὐ πεπίστευκεν) no cree, no ha puesto fe en el testimonio(μαρτυρίαν) que Dios ha testificado (μεμαρτύρηκεν) acerca de su Hijo ( περὶ τοῦ υἱοῦ αὐτοῦ ).
11 Y este es el testimonio: Dios nos dio vida eterna, y esa vida está en su Hijo.
11 καὶ αὕτη ἐστὶν ἡ μαρτυρία, ὅτι ζωὴν αἰώνιον ἔδωκεν «ὁ θεὸς» ⇔ ἡμῖν, καὶ αὕτη ἡ ζωὴ ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ ἐστίν.
Ὅτι Que ) ζωὴν( la vida) αἰώνιον ( eterna) ἔδωκεν, aoristo de indicativo en voz activa del verbo δίδωμι( ha dado, dio) ὁ θεὸς, ( Dios) ἡμῖν ( a nosotros), καὶ αὕτη ( esa) ἡ ζωὴ ( vida ) ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ ( en su Hijo) ἐστίν ( está).
(Juan 14:6, 7) Jesús le contestó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí. 7 Si me conocen a mí, conocerán también a mi Padre. Desde ahora lo conocen y lo han visto”.
(Juan 10:10) 10 El ladrón solo viene para robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
12 El que tiene al Hijo tiene esa vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene esa vida.
12 ὁ ἔχων τὸν υἱὸν( al Hijo) ἔχει τὴν ζωήν( tiene esa vida) · ὁ μὴ ἔχων τὸν υἱὸν τοῦ θεοῦ τὴν ζωὴν οὐκ ἔχει (no tiene esa vida).
(Juan 5:23, 24) .... 24 De verdad les aseguro que el que oye mis palabras y cree en el que me envió tiene vida eterna y no será juzgado, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
13 Les escribo estas cosas para que ustedes, los que ponen su fe en el nombre del Hijo de Dios, sepan que tienen vida eterna. 14 Y esta es la confianza que tenemos con él: que le podemos pedir cualquier cosa que esté de acuerdo con su voluntad y él nos escucha. 15 Y, si sabemos que él nos escucha cuando le pedimos cualquier cosa, sabemos que tendremos lo que pedimos porque se lo hemos pedido a él.
13 Ταῦτα ἔγραψα ὑμῖν ἵνα εἰδῆτε ὅτι ζωὴν ἔχετε αἰώνιον, τοῖς πιστεύουσιν εἰς τὸ ὄνομα τοῦ υἱοῦ τοῦ θεοῦ. 14 καὶ αὕτη ἐστὶν ἡ παρρησία ἣν ἔχομεν πρὸς αὐτόν, ὅτι ἐάν τι αἰτώμεθα κατὰ τὸ θέλημα αὐτοῦ ἀκούει ἡμῶν. 15 καὶ ἐὰν οἴδαμεν ὅτι ἀκούει ἡμῶν ὃ ἐὰν αἰτώμεθα, οἴδαμεν ὅτι ἔχομεν τὰ αἰτήματα ἃ ᾐτήκαμεν ἀπ' αὐτοῦ.
Juan ahora presenta el propósito fundamental de su carta y considera la oración. ( 1 Juan 5:13-15.) Él ha escrito “estas cosas” para que se sepa ‘que tenemos vida eterna’. Esta es nuestra convicción como los que ponemos fe en el “nombre” del Hijo de Dios. (Compárese con 1 Juan 3:23.) Y los apóstatas, que no son de nuestra clase, no pueden destruir esa fe. (1 Juan 2:18, 19.)
Tenemos la “confianza” en Dios de que, no importa qué pidamos en oración “conforme a su voluntad, él nos oye”. Debidamente, pues, oramos por tales cosas como la santificación del nombre de Jehová, su espíritu, su sabiduría divina y que nos libre del inicuo. (Mateo 6:9, 13; Lucas 11:13; Santiago 1:5-8.) Y “sabemos que hemos de tener las cosas pedidas porque se las hemos pedido a él”, el “Oidor de la oración”. (Salmo 65:2.)
Nuestras oraciones deben ir acompañadas de un sentimiento de confianza en Jehová. El apóstol Juan escribió: “Esta es la confianza que tenemos para con él, que, no importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Jehová, el Ser Supremo, el único Dios verdadero y todopoderoso, realmente presta especial atención a las oraciones de sus siervos. El hecho de saber que nuestro amoroso Dios nos oye cuando le expresamos nuestras inquietudes y problemas resulta consolador (Filipenses 4:6).
El apóstol Juan explica con respecto a las oraciones: “Esta es la confianza que tenemos para con él, que, no importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Así es, nuestras oraciones deben estar de acuerdo con la voluntad de Dios. Por eso, no escucha a quienes piden cosas como ganar la lotería o una apuesta, ni a quienes oran motivados por malos deseos. El discípulo Santiago previene contra este mal uso de las oraciones. “Piden, y sin embargo no reciben —dice él—, porque piden con un propósito malo, para gastarlo en los deseos vehementes que tienen de placer sensual.” (Santiago 4:3.)
Imaginemos, por ejemplo, que en un partido de fútbol, ambos equipos rezan pidiendo la victoria. ¿Contestará Jehová Dios sus oraciones? Obviamente no, pues son incompatibles entre sí. Lo mismo pasa con los conflictos bélicos de hoy día en los que cada ejército pide la victoria para su bando.
Además, quienes desobedecen las leyes divinas tampoco pueden esperar que Jehová los escuche. Fijémonos en lo que Dios dijo en cierta ocasión a quienes le servían con hipocresía: “Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; sus mismas manos se han llenado de derramamiento de sangre” (Isaías 1:15). La Biblia dice sin rodeos: “El que aparta su oído de oír la ley... hasta su oración es cosa detestable” (Proverbios 28:9).
Sin embargo, Jehová sí escucha las oraciones de quienes se esfuerzan por servirle de acuerdo con Su voluntad. Claro, esto no quiere decir que siempre acceda a todas sus peticiones. Veamos algunos ejemplos bíblicos que así lo demuestran.
Pensemos en el caso de Moisés. Él tenía una estrecha relación con Dios; aun así, también tenía que orar “conforme a su voluntad”. En una ocasión, le suplicó que lo dejara entrar en la tierra de Canaán: “Déjame pasar, por favor, y ver la buena tierra que está al otro lado del Jordán”. Pero su petición era contraria a la voluntad de Jehová, quien tiempo antes lo había castigado por un pecado prohibiéndole entrar en la Tierra Prometida. Por eso, Dios no le dio lo que pedía y le dijo: “¡Basta ya! Nunca me vuelvas a hablar de este asunto” (Deuteronomio 3:25, 26; 32:51).
Otro caso es el del apóstol Pablo. Él pedía a Dios que lo librara de lo que él llamaba “una espina en la carne” (2 Corintios 12:7). Puede que esa “espina” fuera un problema crónico de la vista o el acoso constante de enemigos y “falsos hermanos” (2 Corintios 11:26; Gálatas 4:14, 15). Pablo cuenta: “Tres veces supliqué al Señor que esta se apartara de mí”. Pero Jehová sabía que si Pablo seguía predicando pese a esa molesta “espina en la carne”, se demostrarían el poder de Dios y la confianza que el apóstol tenía en Él. Así pues, en vez de quitarle esa “espina”, le dijo: “Mi poder está perfeccionándose en la debilidad” (2 Corintios 12:8, 9).
¿Qué significa poner fe “en el nombre del Hijo de Dios”? .- (1 Juan 5:13.) Significa obedecer todos los mandamientos de Cristo, entre ellos el de ‘amarnos unos a otros’ (Juan 15:14, 17). El amor procura hacer el bien a los demás. Erradica el prejuicio racial, religioso y social
16 Si alguien llega a ver a su hermano cometiendo un pecado que no lleva a la muerte, pedirá, y Dios le dará vida. Esto es para quienes no cometen un pecado que lleva a la muerte. Hay un pecado que sí lleva a la muerte. Por ese pecado es por el que no le digo que pida. 17 Toda injusticia es pecado, pero hay un pecado que no lleva a la muerte.
18 Sabemos que nadie que ha nacido de Dios practica el pecado, sino que aquel que nació de Dios lo protege, y el Maligno no lo puede tocar. 19 Sabemos que nosotros provenimos de Dios, pero el mundo entero está bajo el poder del Maligno. 20 Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para que lleguemos a conocer al que es verdadero. Y estamos en unión con el que es verdadero por medio de su Hijo, Jesucristo. Ese es el Dios verdadero y la vida eterna. 21 Hijitos, cuidado con los ídolos.
16 Ἐάν τις ἴδῃ τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ ἁμαρτάνοντα ἁμαρτίαν μὴ πρὸς θάνατον, αἰτήσει, καὶ δώσει αὐτῷ ζωήν, τοῖς ἁμαρτάνουσιν μὴ πρὸς θάνατον. ἔστιν ἁμαρτία πρὸς θάνατον· οὐ περὶ ἐκείνης λέγω ἵνα ἐρωτήσῃ. 17 πᾶσα ἀδικία ἁμαρτία ἐστίν, καὶ ἔστιν ἁμαρτία οὐ πρὸς θάνατον.
18 Οἴδαμεν ὅτι πᾶς ὁ γεγεννημένος ἐκ τοῦ θεοῦ οὐχ ἁμαρτάνει, ἀλλ' ὁ γεννηθεὶς ἐκ τοῦ θεοῦ τηρεῖ αὐτόν, καὶ ὁ πονηρὸς οὐχ ἅπτεται αὐτοῦ. 19 οἴδαμεν ὅτι ἐκ τοῦ θεοῦ ἐσμέν, καὶ ὁ κόσμος ὅλος ἐν τῷ πονηρῷ κεῖται. 20 οἴδαμεν δὲ ὅτι ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ ἥκει, καὶ δέδωκεν ἡμῖν διάνοιαν ἵνα γινώσκομεν / γινώσκωμεν τὸν ἀληθινόν· καί ἐσμεν ἐν τῷ ἀληθινῷ, ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστῷ. οὗτός ἐστιν ὁ ἀληθινὸς θεὸς καὶ ζωὴ αἰώνιος.
21 Τεκνία, φυλάξατε ἑαυτὰ ἀπὸ τῶν εἰδώλων.
Si bien Jehová perdona sus pecados e imperfecciones, en su carne persiste una lucha, como explicó Pablo en su carta a los Romanos (7:21-25), una lucha entre la ley implantada en su mente renovada (Ro 12:2; Ef 4:23), o la “ley de Dios”, y la “ley del pecado”, anidada en sus miembros. Esto se debe a que no gozan de un cuerpo perfecto aunque se les ha imputado justicia y perdonado sus pecados. Esta lucha interior pone a prueba su integridad a Dios; pueden ganarla con la ayuda del espíritu de Dios y el auxilio de su misericordioso sumo sacerdote, Jesucristo. (Ro 7:25; Heb 2:17, 18.) Sin embargo, para ganarla se requiere que constantemente ejerzan fe en el sacrificio redentor de Cristo y le sigan, manteniendo así su condición de justos a la vista de Dios (compárese con Rev 22:11) y asegurando para sí “su llamamiento y selección”. (2Pe 1:10; Ro 5:1, 9; 8:23-34; Tit 3:6, 7.) Si, por el contrario, incurren en una práctica del pecado, apartándose de la fe, pierden su condición favorecida ante Dios, su justificación, porque están ‘fijando de nuevo en un madero al Hijo de Dios para sí mismos y exponiéndolo a vergüenza pública’ (Heb 6:4-8), lo que supondría la destrucción de ellos. (Heb 10:26-31, 38, 39.) A este respecto, Jesús habló del pecado imperdonable, y el apóstol Juan distinguió entre el “pecado que no incurre en muerte” y el que “sí incurre en muerte”. (Mt 12:31, 32; 1Jn 5:16, 17.)
Cuando en 1 Juan 5:16, 17 Juan habla de un “pecado que sí incurre en muerte”, a diferencia del que no, se refiere al pecado voluntario, consciente. (Compárese con Nú 15:30.) Si hay prueba de que alguien ha pecado de manera voluntaria y consciente, el cristiano no debería orar por esa persona. Naturalmente, Dios es el juez final de la actitud de corazón del pecador. (Compárese con Jer 7:16; Mt 5:44; Hch 7:60.)
No sorprende, pues, que la Biblia hable de “un pecado que sí incurre en muerte”. (1 Juan 5:16; compáralo con Mateo 12:31.) No se trata sencillamente de una debilidad de la carne, sino de un pecado que se ejecuta deliberada y obstinadamente. El factor que lo convierte en imperdonable no es tanto el pecado en sí como la condición de corazón del individuo.
No obstante, el hecho de que te angustie tu mala conducta prueba que no has cometido un pecado imperdonable. La Biblia dice que “la tristeza de manera piadosa obra arrepentimiento para salvación”. (2 Corintios 7:10.) Fíjate en la exhortación que se da en Santiago 4:8-10: “Límpiense las manos, pecadores, y purifiquen su corazón, indecisos. Dense a la desdicha, y laméntense, y lloren. Que su risa se torne en lamento, y su gozo en desaliento. Humíllense a los ojos de Jehová, y él los ensalzará”.
Es probable que el mal sea de naturaleza grave. ¿Es irremediable tal situación? No necesariamente. ¿Recuerdas a Manasés, uno de los reyes de Judá? A pesar de que cometió pecados gravísimos, como la práctica de espiritismo y el sacrificio de niños, Dios lo perdonó a causa de su arrepentimiento sincero. (2 Crónicas 33:10-13.) ¿Y el rey David? Tras haberse arrepentido de sus actos inicuos, descubrió que Jehová es un Dios “bueno y [está] listo para perdonar”. (Salmo 86:5.)
Los cristianos tenemos la certeza de que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda injusticia”. (1 Juan 1:9.) ¿A quién debemos hacer confesión? Ante todo, a Jehová Dios. “Delante de él derramen ustedes su corazón.” (Salmo 32:5; 62:8.) Te puede resultar útil leer la confesión contrita que realizó David en el Salmo 51.
Por otro lado, la Biblia insta a los cristianos que son culpables de un pecado grave a hablar con los ancianos de la congregación. (Santiago 5:14, 15.) Sus consejos y oraciones sinceros pueden ayudarte a restablecer la relación con Dios y a recuperar una conciencia limpia. Ellos saben distinguir entre la debilidad y la maldad. También deberían procurar que recibas la ayuda necesaria para que no caigas en el mismo error.
Ahora bien, a veces el joven ‘da un paso en falso antes de darse cuenta de ello’ (Gálatas 6:1), o permite que lo domine un impulso carnal. El joven que se encuentra en esta situación puede albergar un terrible sentimiento de culpa, que tal vez no guarde proporción con el mal cometido, y por ello se angustia sin necesidad. La intensidad del sentimiento de culpa quizás se deba a que tiene una conciencia sana pero hipersensible. (Romanos 14:1, 2.) Recuerda que cuando pecamos “tenemos un ayudante para con el Padre, a Jesucristo, uno que es justo”. (1 Juan 2:1, 2.)
La masturbación es sin duda un hábito inmundo. (2 Corintios 7:1.) No obstante, la Biblia no la incluye entre los pecados graves como la fornicación. De hecho, ni siquiera la menciona. Por lo tanto, difícilmente sería imperdonable el que alguien tuviera un desliz y se masturbara. Pensar que es un pecado imperdonable en realidad podría ser peligroso, pues el joven tal vez razone que de nada sirve tratar de vencer el problema. Pero los principios bíblicos indican que el cristiano debe esforzarse enérgicamente por dejar este hábito. (Colosenses 3:5.) Jehová sabe que “todos tropezamos muchas veces”. (Santiago 3:2.) En caso de que reincida, el joven no tiene por qué sentirse condenado.
Lo mismo sucede con otros deslices y errores. Jehová no exige que nos mortifiquemos con un sentimiento excesivo de culpa. Por el contrario, se alegra cuando tomamos medidas para corregir el problema. (2 Corintios 7:11; 1 Juan 3:19, 20.)
Después Juan habla acerca de la oración y de dos tipos de pecado. ( 1 Juan 5:16, 17.) “Un pecado que no incurre en muerte” no es deliberado, y no sería incorrecto orar para que el malhechor arrepentido sea perdonado. (Hechos 2:36-38; 3:19; Santiago 5:13-18.) Pero sería incorrecto orar respecto a “un pecado que sí incurre en muerte” debido a que este es un pecado deliberado contra el espíritu santo, por el cual el perdón es imposible. (Mateo 12:22-32; Hebreos 6:4-6; 10:26-31.) Tales pecadores van al Gehena y experimentan destrucción eterna en “la muerte segunda”. (Revelación 21:8; Mateo 23:15.) Por lo tanto, Jehová es el Juez final, y no nos arriesgamos a desagradarle al orar por un pecador cuando los hechos muestran que es culpable de un “pecado [deliberado] que sí incurre en muerte”.
En consecuencia, “si alguno [especialmente un anciano ungido con espíritu] alcanza a ver a su hermano pecando un pecado que no incurre en muerte [“la muerte segunda”], pedirá, y él [Dios] le dará vida [al pecador]”, salvándolo así de la destrucción eterna. Por supuesto, “toda injusticia es pecado”, es decir, errar el blanco en lo que se refiere a las justas normas de Dios. “Sin embargo, hay un pecado que no incurre en muerte” porque resulta de nuestra imperfección, estamos arrepentidos y el pecado es perdonado mediante el sacrificio de Cristo.
Juan ahora resume los puntos básicos de su carta. (1 Juan 5:18-21.) Todo el que ha “nacido de Dios” como cristiano ungido con espíritu “no practica el pecado”. Jesucristo, “Aquel que nació de Dios” mediante el espíritu santo, “lo vigila, y el inicuo [Satanás] no logra asirlo”. Tal cristiano ungido leal puede orar con confianza para ser librado del inicuo y puede, con “el escudo grande de la fe”, librarse del daño espiritual que pueden causarle los “proyectiles encendidos” de Satanás. (Mateo 6:13; Efesios 6:16.)
Puesto que los ungidos tienen evidencia de que son hijos espirituales de Jehová, pueden decir: “Sabemos que nosotros nos originamos de Dios”. El hecho de que tienen fe en Cristo y no practican el pecado demuestra que son los hijos de Dios que Satanás no ha ‘logrado asir’. “Pero el mundo entero [la injusta sociedad humana] yace en el poder del inicuo”, Satanás el Diablo. (Efesios 2:1, 2; Revelación 12:9.) El mundo se somete a la inicua influencia y dominación de Satanás y no hace ningún esfuerzo por librarse con el fin de efectuar la voluntad divina.
Algunos maestros falsos insistían en decir que Cristo no había venido en la carne. (2 Juan 7.) Pero la evidencia que se presenta en esta carta autoriza a Juan a decir: “Nosotros sabemos que el Hijo de Dios ha venido”. (1 Juan 1:1-4; 5:5-8.) Además, Jesús “nos ha dado capacidad intelectual”, o “percepción mental”, para que “adquiramos el conocimiento del verdadero”, un entendimiento progresivo de Dios. (Mateo 11:27.) De modo que “estamos en unión con el verdadero [Jehová Dios], por medio de su Hijo Jesucristo”. (Compárese con Juan 17:20, 21.)
Los que están en unión con el Dios verdadero Jehová —sean miembros del resto ungido o de las “otras ovejas”—, desean agradarle en todo. Pero las tentaciones de envolverse en la idolatría existieron en el primer siglo, tal como existen hoy día. Por eso, Juan apropiadamente concluye su carta con el consejo paternal: “Hijitos, guárdense de los ídolos”. Como cristianos, no nos inclinamos ante las imágenes. (Éxodo 20:4-6.) También sabemos que sería incorrecto ponerse a sí mismos, a los placeres, o a cualquier otra cosa en el lugar de Dios. (2 Timoteo 3:1, 2, 4.) Además, nuestra dedicación a él no deja lugar para que adoremos a la “bestia salvaje” política ni a su “imagen”. (Revelación 13:14-18; 14:9-12.) Por lo tanto, con la mira de agradar a nuestro Padre celestial y recibir su don de vida eterna, estemos resueltos a evitar toda clase de idolatría y nunca permitamos que esta destruya nuestra relación preciosa con Jehová mediante Jesucristo.
Como un resumen: La primera carta inspirada de Juan ayudó a los cristianos del primer siglo a evitar la idolatría. Los capacitó para oponerse a las mentiras de los apóstatas y sirve este mismo propósito hoy día. Por ejemplo, prueba que Jesucristo vivió como hombre y murió como “un sacrificio propiciatorio” por los pecados. La carta identifica al “anticristo” y hace una distinción entre los hijos de Dios y los hijos del Diablo. Muestra cómo probar las “expresiones inspiradas” para saber si se originan de Jehová. Además, las palabras de Juan nos convencen de que “Dios es amor”, que la fe verdadera vence al mundo y que Jehová oye las oraciones de sus testigos leales.
Frente a las tentaciones mundanas, ¡qué sabio es que tengamos presente la advertencia de Juan en contra de amar al mundo! Si las diferencias personales ejercieran presión sobre nuestra relación con ciertos compañeros creyentes, las palabras del apóstol pueden recordarnos que podemos demostrar que somos amadores de Dios al desplegar amor fraternal. Con la ayuda divina y por medio de aplicar el consejo de Juan, podemos evitar la práctica del pecado y mantener la fe que vence al mundo. De modo que, mostremos nuestra gratitud por esta carta inspirada al continuar andando en la luz divina, viviendo como hijos de Dios y siempre desplegando amor y fe para la gloria de nuestro Padre celestial, Jehová.
Una razón por la que no somos parte del mundo es nuestra estrecha relación con Jehová. El apóstol Juan escribió: “Sabemos que nosotros nos originamos de Dios, pero el mundo entero yace en el poder del inicuo” (1 Juan 5:19). Es evidente que las palabras de Juan acerca del mundo son ciertas. Las guerras, la delincuencia, la crueldad, la opresión, la falta de honradez y la inmoralidad que tanto proliferan hoy son prueba de la influencia de Satanás, no de la de Dios (Juan 12:31; 2 Corintios 4:4; Efesios 6:12). Cuando alguien se hace testigo de Jehová, no practica ni aprueba tales maldades, y eso hace que no sea parte del mundo (Romanos 12:2; 13:12-14; 1 Corintios 6:9-11; 1 Juan 3:10-12).
Juan señaló que los cristianos, a diferencia del mundo, “nos originamos de Dios”. Todo el que se dedica a Jehová le pertenece a él. El apóstol Pablo dijo a este respecto: “Tanto si vivimos, vivimos para Jehová, como si morimos, morimos para Jehová. Por consiguiente, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos a Jehová” (Romanos 14:8; Salmo 116:15). Dado que pertenecemos a Jehová, le damos devoción exclusiva (Éxodo 20:4-6). De modo que no dedicamos nuestra vida a ninguna causa seglar. Aunque respetamos los emblemas nacionales, no los adoramos ni con hechos ni con nuestra actitud. Y, desde luego, tampoco adoramos a estrellas del deporte ni a otros ídolos modernos. Por supuesto, respetamos el derecho que los demás tienen de hacer lo que quieran, pero nosotros adoramos únicamente al Creador (Mateo 4:10; Revelación 19:10). Este es otro factor que nos separa del mundo.
Muchos dictadores mantienen a los ciudadanos bajo su control dejándolos en la ignorancia, impidiendo que se enteren de las cosas. Jesús, en cambio, estuvo dispuesto a transmitir mucho de lo que sabía del Padre, a revelarlo sin reservas ( Mateo 11:27). Además, como dijo uno de sus discípulos: “El Hijo de Dios [...] nos ha dado capacidad intelectual para que adquiramos el conocimiento del verdadero”, es decir, de Jehová (1 Juan 5:20). ¿Qué significa eso? Que les abrió la mente para que pudieran comprender lo que les decía sobre el Padre. No ocultó a Jehová en una nube de misterio enseñándoles que era parte de una incomprensible Trinidad.
¿Reveló Jesús todo lo que sabía de su Padre? Lo cierto es que no, pues hubo muchas cosas sobre las que guardó silencio ( Juan 16:12). ¿Por qué? Él mismo aclaró la razón cuando les dijo a sus discípulos: “No las pueden soportar ahora”. Sin embargo, les explicó que les sería revelado mucho conocimiento cuando llegara “el ayudante”, el espíritu santo, el cual los guiaría “a toda la verdad” (Juan 16:7, 13). Tal como los buenos padres no les cuentan ciertas cosas a los hijos hasta que estos tienen suficiente edad para entenderlas, Cristo no les reveló a sus discípulos ciertos hechos referentes al Padre hasta que fueron maduros y capaces de comprenderlos. Bondadosamente, tuvo en cuenta sus limitaciones.
¿Quién es “el Dios verdadero y vida eterna”?. Jehová , el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el Dios verdadero. Él es el Creador, el que da vida eterna a todos los que le aman. Así es como responderían a la pregunta planteada en el título muchas personas que leen la Biblia y creen en ella. De hecho, Jesús mismo dijo: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3).
No obstante, muchos feligreses dan a la expresión del título un sentido distinto. Dichas palabras están tomadas de 1 Juan 5:20, que dice en parte: “Estamos en unión con el verdadero, por medio de su Hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y vida eterna”.
(1 Juan 5:19, 20) .... 20 Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para que lleguemos a conocer al que es verdadero. Y estamos en unión con el que es verdadero por medio de su Hijo, Jesucristo. Ese es el Dios verdadero y la vida eterna.
20 οἴδαμεν (sabemos) δὲ ( ahora) ὅτι( que ) ὁ υἱὸς ( el Hijo) τοῦ θεοῦ ( de Dios) ἥκει ( ha venido ), καὶ ( y ) δέδωκεν ( ha dado ) ἡμῖν ( nos, a nosotros) διάνοιαν ( entendimiento ) ἵνα ( para que ) γινώσκομεν / γινώσκωμεν( presente de subjuntivo, voz activa del verbo γινώσκω, aprender, llegar a conocer, conocer) τὸν ἀληθινόν·( de ἀληθινός, η, ον, el que es verdadero, real, genuino )
Καί ( y ) ἐσμεν ἐν ( estamos en unión con )τῷ ἀληθινῷ ( el que es el verdadero), ἐν (en, por medio de) τῷ υἱῷ αὐτοῦ ( su Hijo ) Ἰησοῦ Χριστῷ ( Jesucristo) .
Οὗτός ( ese ) ἐστιν ( es) ὁ ἀληθινὸς ( el verdadero) θεὸς ( Dios) καὶ ( y ) ζωὴ ( la vida )αἰώνιος ( eterna).
Los que creen en la doctrina de la Trinidad sostienen que el pronombre demostrativo “este” ( Οὗτός ,hóu·tos) se refiere a su antecedente inmediato, Jesucristo, y afirman que Jesús es “el Dios verdadero y vida eterna”. Sin embargo, tal interpretación se contradice con el resto de las Escrituras. Además, muchos biblistas acreditados no aceptan este punto de vista trinitario. El erudito B. F. Westcott, de la Universidad de Cambridge, escribió: “La referencia más natural [del pronombre Οὗτός, hóu·tos] no es al sujeto más próximo, sino al que predominaba en la mente del apóstol”. Por lo tanto, en quien pensaba el apóstol Juan era en el Padre de Jesús. El teólogo alemán Erich Haupt escribió: “Hay que determinar si el [ Οὗτός ,hóu·tos] de la siguiente oración se refiere al sujeto que precede inmediatamente a dicho pronombre [...] o al antecedente más distante: Dios. [...] Parece más lógico que se trate de un testimonio a favor del único Dios verdadero que de una afirmación de la divinidad de Cristo, a juzgar por la advertencia final respecto a los ídolos”.
Incluso A Grammatical Analysis of the Greek New Testament (Análisis gramatical del Nuevo Testamento griego), publicado por el Pontificio Instituto Bíblico de Roma, afirma: “[ Οὗτός ,Hóu·tos]: como culminación de [los versículos] 18-20, la ref[erencia] es casi segura a Dios, el real, el verdadero, [en] contr[aste con] el paganismo (v. 21)”.
El término Οὗτός , hóu·tos —que por lo general se traduce por “este, esta, esto”— a menudo no designa el sujeto que le precede inmediatamente en una frase. Otros versículos arrojan luz sobre esta cuestión. En 2 Juan 7, el mismo apóstol y escritor de la primera carta dice: “Muchos engañadores han salido al mundo, personas que no confiesan a Jesucristo como venido en carne. Este [Οὗτός , hóu·tós] es el engañador y el anticristo”. Aquí el pronombre no puede aludir al antecedente más cercano, o sea, Jesús. Es obvio que “este” se refiere a los que negaron a Jesús, quienes en conjunto son “el engañador y el anticristo”.
En su Evangelio, el apóstol Juan escribió: “Andrés el hermano de Simón Pedro era uno de los dos que oyeron lo que Juan dijo y siguieron a Jesús. Primero halló este [Οὗτός , hóu·tos] a su propio hermano, Simón” (Juan 1:40, 41). Está claro que “este” no se refiere a la última persona mencionada, sino a Andrés. En 1 Juan 2:22, el apóstol utiliza el mismo pronombre de forma similar.
Lucas hace un uso parecido de este pronombre demostrativo, como se observa en Hechos 4:10, 11: “En el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien ustedes fijaron en un madero, pero a quien Dios levantó de entre los muertos, por este se halla este hombre de pie aquí sano delante de ustedes. Esta [Οὗτός , hóu·tós] es ‘la piedra que fue tratada por ustedes los edificadores como de ningún valor, que ha llegado a ser cabeza del ángulo’”. El pronombre “esta” no se refiere obviamente al hombre que fue sanado, aunque se le mencione a él justo antes del vocablo Οὗτός, hóu·tos. Es patente que, en el versículo 11, “esta” se refiere a Jesucristo el Nazareno, quien es “la piedra angular” sobre la que se funda la congregación cristiana (Efesios 2:20; 1 Pedro 2:4-8).
Apoya también este razonamiento el pasaje de Hechos 7:18, 19, que dice: “Se levantó sobre Egipto un rey diferente, que no sabía acerca de José. Este [ Οὗτός , hóu·tos] empleó astucia estatal en contra de nuestra raza”. “Este” que oprimió a los judíos no era José, sino Faraón, el rey de Egipto.
Los anteriores pasajes confirman la observación del helenista Daniel Wallace, quien dice que tocante a los pronombres demostrativos griegos, “lo que contextualmente pudiera ser el antecedente más próximo tal vez no sea el antecedente más próximo en la mente del escritor”.
Ciertamente “el verdadero” es Jehová, el Padre de Jesucristo. Él es el único Dios verdadero, el Creador. El apóstol Pablo reconoció: “Realmente para nosotros hay un solo Dios el Padre, procedente de quien son todas las cosas” (1 Corintios 8:6; Isaías 42:8). Otra razón por la que Jehová es “el verdadero”, como se le califica en 1 Juan 5:20, es que él es la Fuente de la verdad. El salmista llamó a Jehová “el Dios de la verdad” porque es fiel en todo lo que hace y no puede mentir (Salmo 31:5; Éxodo 34:6; Tito 1:2). Refiriéndose a su Padre celestial, Jesús dijo: “Tu palabra es la verdad”. Y con respecto a su propia enseñanza, aseveró: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado” (Juan 7:16; 17:17).
Jehová también es “vida eterna”. Él es la Fuente de la vida y es Quien la da como una dádiva inmerecida por medio de Cristo (Salmo 36:9; Romanos 6:23). Además, el apóstol Pablo dijo que Dios es “remunerador de los que le buscan solícitamente” (Hebreos 11:6). Jehová remuneró a su Hijo levantándolo de entre los muertos y remunerará con vida eterna a los que le sirven de todo corazón (Hechos 26:23; 2 Corintios 1:9).
Por consiguiente, ¿a qué conclusión deberíamos llegar? Pues que Jehová, y nadie más, es “el Dios verdadero y vida eterna”. Él es el único que merece recibir devoción exclusiva de aquellos a quienes creó (Revelación [Apocalipsis] 4:11).
Investigación:
(1 Juan 5:19, 20) .... 20 Y sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para que lleguemos a conocer al que es verdadero. Y estamos en unión con el que es verdadero por medio de su Hijo, Jesucristo. Ese es el Dios verdadero y la vida eterna.
20 οἴδαμεν δὲ ὅτι ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ ἥκει, καὶ δέδωκεν ἡμῖν διάνοιαν ἵνα γινώσκομεν / γινώσκωμεν τὸν ἀληθινόν· καί ἐσμεν ἐν τῷ ἀληθινῷ, ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστῷ. οὗτός ἐστιν ὁ ἀληθινὸς θεὸς καὶ ζωὴ αἰώνιος.
Por τὸν ἀληθινόν se describe a Dios, (Juan 17:3) Esto significa vida eterna: que lleguen a conocerte a ti, el único Dios verdadero, y a quien tú enviaste, Jesucristo.
Jehová es el Dios verdadero, que ha enviado a su Hijo al mundo; la venida de Cristo (ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ ἥκει ) no ha sido ineficaz, sino que ha producido en los creyentes el entendimiento, el conocimiento ( διάνοιαν ) de Dios ( del Dios verdadero Jehová) , Ese entendimiento nos permite estar “en unión con el que es verdadero por medio de su Hijo, Jesucristo “ Así lo expresa el apóstol : καί ἐσμεν ἐν τῷ ἀληθινῷ ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστῷ .
La conjunción ὅτι ( que) introduce dos oraciones copulativas:
ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ ἥκει, el Hijo de Dios ha venido.
καὶ δέδωκεν ἡμῖν διάνοιαν y nos ha dado entendimiento
Esta segunda oración es la principal de la que se deriva una oración subordinada introducida por la conjunción ἵνα ( para que)
ἵνα γινώσκομεν τὸν ἀληθινόν , para que lleguemos a conocer al que es verdadero
Por otra parte, la siguiente oración introducida por una conjunción copulativa:
καί ἐσμεν ἐν τῷ ἀληθινῷ, ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστῷ,
Y estamos en unión con el que es verdadero por medio de su Hijo, Jesucristo.
No depende de ὅτι( que ) sino que forma una oración independiente. En ella ἐν τῷ ἀληθινῷ, (el que es verdadero ) se refiere a τὸν ἀληθινόν (el que es verdadero ) de la subordinada anterior.
Por tanto, ambas se refieren al mismo, es decir a Jehová el Dios verdadero.
Sería arbitrario entender por τὸν ἀληθινόν al Dios verdadero Jehová , y por τὸν ἀληθινόν, en cambio, A Cristo, y está, además, prohibido por el contexto, según el cual καί ἐσμεν ἐν τῷ ἀληθινῷ, ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστῷ,( Y estamos en unión con el que es verdadero ).
establece la consecuencia de lo anterior, es decir, del hecho de que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado la capacidad de conocer al verdadero Dios, Jehová.
Por lo tanto, también las siguientes palabras: ἐν τῷ υἱῷ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστῷ (por medio de su Hijo, Jesucristo) , no deben tomarse como aposición a ἐν τῷ ἀληθινῷ , también por el uso del posesivo αὐτοῦ ( su ), porque entonces tendría que referirse, no a τῷ ἀληθινῷ , sino más allá a τὸν ἀληθινόν .
Claramente el contexto nos indica que es Jesús , como Hijo de Dios quien “nos ha dado capacidad intelectual”, o “percepción mental”, para que “adquiramos el conocimiento del verdadero”, un entendimiento progresivo de Dios. (Mateo 11:27.) De modo que “estamos en unión con el verdadero [Jehová Dios], por medio de su Hijo Jesucristo”. (Compárese con Juan 17:20, 21.)
Los cristianos se esfuerzan solícitamente por guardarse de la idolatría porque esta tiene muchas formas, y un solo acto idolátrico puede comprometer su fe. El apóstol Juan dijo a sus compañeros de creencia: “Guárdense de los ídolos”. (1 Juan 5:21.) Este consejo fue necesario porque los cristianos estaban rodeados de muchas formas de idolatría. Juan escribió desde Éfeso, una ciudad donde abundaban la magia y los mitos sobre dioses falsos. Allí se hallaba una de las siete maravillas del mundo: el templo de Ártemis, un refugio para criminales y centro de ritos inmorales. El filósofo Heráclito de Éfeso asemejó la senda oscura que conducía al altar de aquel templo a la oscuridad de la infamia, y pensaba que la moralidad de la gente que iba a ese templo era peor que la de los animales. Como se ve, los cristianos de Éfeso tenían que mantenerse firmes ante el demonismo, la inmoralidad y la idolatría.
Los cristianos tienen que resolverse con firmeza a evitar toda forma de idolatría, incluso la que parezca leve, porque un solo acto de adoración al Diablo apoyaría su alegación de que los humanos no permanecerían fieles a Dios bajo prueba. (Job 1:8-12.) Cuando Satanás mostró a Jesús “todos los reinos del mundo y su gloria”, agregó: “Todas estas cosas te las daré si caes y me rindes un acto de adoración”. Al rechazar esa oferta, Cristo apoyó el lado de Jehová en la cuestión de la soberanía universal y probó que el Diablo es un mentiroso. (Mateo 4:8-11; Proverbios 27:11.)
Los primeros seguidores de Jesús tampoco rindieron un acto de adoración que apoyara el lado de Satanás en la cuestión. Mostraban el respeto apropiado a las “autoridades superiores” gubernamentales, pero no quemaban incienso en honor del emperador romano, aunque les costara la vida. (Romanos 13:1-7.) Daniel P. Mannix escribió al respecto: “Muy pocos cristianos se retractaron, aunque se solía tener en la arena del estadio un altar con una llama encendida para facilitarles la ofrenda. Todo lo que el prisionero tenía que hacer era arrojar una pizca de incienso en él y se le daba un Certificado de Sacrificio, con lo que quedaba en libertad. Además, se le explicaba bien que no se trataba de un acto de culto al emperador, sino un reconocimiento de su naturaleza divina como cabeza del Estado romano. Aun así, casi ningún cristiano se valió de este medio para escapar del martirio”. (Those About to Die [A punto de morir], página 137.)
La idolatría se presenta en otras formas sutiles. En 44 E.C. el rey Herodes Agripa pronunció un discurso público, y la gente se entusiasmó tanto que gritó: “¡Voz de un dios, y no de un hombre!”. (Hechos 12:21, 22.) Sí, idolatraron a Herodes y lo hicieron un dios. Cosas similares suceden hoy día. En los días violentos en que el nazismo ascendía al poder en Europa, el clamor “¡Heil Hitler!” era en realidad un grito de adoración. Muchos estuvieron dispuestos a pelear y morir por el Führer como si él fuera un dios, el salvador de la nación. Sin embargo, ¡la mayoría de los que rendían aquel homenaje eran miembros de las iglesias de la cristiandad!
Antes y después de los días de Hitler ha habido otros líderes políticos que también se han proclamado salvadores y han exigido devoción exclusiva. Los que sucumbieron convirtieron a aquellos hombres en dioses, prescindiendo de la religión formal a que pertenecieran como “adoradores” o de que afirmaran ser ateos. El homenaje que los fanáticos dan a estrellas de los deportes y del cine y a otros artistas también se asemeja a adoración.
Además, piense en lo que implicaban estas palabras de Jesús: “Nadie puede servir como esclavo a dos amos; porque u odiará al uno y amará al otro, o se apegará al uno y despreciará al otro. No pueden ustedes servir como esclavos a Dios y a las Riquezas”. (Mateo 6:24.) ¿Conoce usted a alguien que sea miembro de alguna religión, pero cuyo interés principal en la vida sea ganar dinero? Entonces, ¿a quién sirve realmente esa persona?... ¿a Dios, o a las riquezas? ¿A cuántos incrédulos conoce usted que se hayan dado a la búsqueda frenética de dinero? Ciertamente ellos también son adoradores del dinero, y quizás hasta sean más celosos en ello que muchos creyentes.
El apóstol Pablo explicó un principio similar cuando escribió: “Amortigüen, por lo tanto, los miembros de su cuerpo que están sobre la tierra en cuanto a fornicación, inmundicia, apetito sexual, deseo perjudicial y codicia, que es idolatría”. (Colosenses 3:5.) Si codiciamos algo tanto que todos nuestros esfuerzos van encaminados a conseguirlo, y quizás hasta violemos la ley mientras hacemos esto, entonces para nosotros ese objeto es un ídolo, un dios. (Efesios 5:5.) En otra carta, Pablo escribió esto respecto a ciertos malhechores: “Su dios es su vientre”. (Filipenses 3:19.) Si todo lo que buscamos en la vida es agradarnos a nosotros mismos, llenarnos el vientre, por decirlo así, entonces nosotros somos nuestro propio dios. ¿A cuántos conoce usted que adoran esa clase de dios?
Sí; como escribió el apóstol Pablo: “Hay muchos ‘dioses’ y muchos ‘señores’”. Y en muchos casos sus adoradores son como los samaritanos de la antigüedad: de palabra sirven a un dios y por sus acciones sirven a otro. Sin embargo, la verdad es que hay un solo Dios que merece nuestra adoración.
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Por Erich2030
Estudio de
Estudio de la 1ª carta de Juan. Capítulo 3
CAPÍTULO 3 ¡Miren qué amor tan grande nos tiene el Padre que se nos llama hijos de Dios! Y eso es lo que somos. Por eso el mundo no nos conoce, porque no ha llegado a conocerlo a él. 2 Amados, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando él sea manifestado seremos como él, porque lo veremos tal como es. 3 Y todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, pues él es puro.
1 Ἴδετε ποταπὴν ἀγάπην δέδωκεν ἡμῖν ὁ πατὴρ ἵνα τέκνα θεοῦ κληθῶμεν, καί ἐσμέν. διὰ τοῦτο ὁ κόσμος οὐ γινώσκει ἡμᾶς ὅτι οὐκ ἔγνω αὐτόν. 2 Ἀγαπητοί, νῦν τέκνα θεοῦ ἐσμέν, καὶ οὔπω ἐφανερώθη τί ἐσόμεθα. οἴδαμεν ὅτι ἐὰν φανερωθῇ ὅμοιοι αὐτῷ ἐσόμεθα, ὅτι ὀψόμεθα αὐτὸν καθώς ἐστιν. 3 καὶ πᾶς ὁ ἔχων τὴν ἐλπίδα ταύτην ἐπ' αὐτῷ ἁγνίζει ἑαυτὸν καθὼς ἐκεῖνος ἁγνός ἐστιν
En 1 Juan 3:1, el apóstol Juan nos invita a pensar en el gran amor que Jehová nos tiene. Con las palabras “vean qué clase de amor nos ha dado el Padre” estaba animando a los cristianos de su época a que meditaran en las diversas formas en que Jehová había demostrado su cariño. Si nosotros hacemos lo mismo, nos sentiremos más cerca de él y llegaremos a quererlo más.
A algunas personas les cuesta creer que Dios pueda querernos. Piensan que solo se encarga de poner normas y de castigar a quienes no las siguen. Como desde niños les han enseñado doctrinas falsas, dicen que Dios es cruel y que no tenemos motivos para amarlo. En el otro extremo están quienes opinan que Dios nunca dejará de querernos, sin importar si lo que hacemos está bien o mal. Nosotros, en cambio, hemos aprendido en la Biblia que la cualidad principal de Jehová es el amor y que nos quiere tanto que ofreció a su Hijo para rescatarnos de la muerte y el pecado (Juan 3:16; 1 Juan 4:8). Aun así, nuestra crianza o las cosas que nos han pasado en la vida pueden hacernos dudar de su amor.
Para entender el amor que Jehová nos tiene, primero debemos entender la relación que hay entre él y los hombres. La Biblia dice que Jehová es nuestro Creador ( Salmo 100:3-5). Por eso, a Adán se le llama “hijo de Dios” (Luc. 3:38). Además, Jesús les dijo a sus discípulos que cuando oraran a Dios lo llamaran Padre (Mat. 6:9). Así que Jehová es nuestro Padre porque nos ha dado la vida, y nos quiere tal como un buen padre quiere a sus hijos.
Con la venida del Hijo de Dios como Redentor prometido, llegó a existir un nuevo factor sobre el que Dios podía basar sus tratos con sus siervos humanos. Los seguidores de Jesucristo que han sido llamados para ser sus hermanos espirituales con la perspectiva de ser coherederos con él en el reino celestial (Ro 8:17), primero son declarados justos por Dios sobre la base de su fe en Jesucristo. (Ro 3:24, 28.) Este es un acto judicial de Jehová Dios. Por consiguiente, nadie puede ‘presentar acusación’ contra sus escogidos ante Él como Juez Supremo. (Ro 8:33, 34.)
En primer lugar, Jehová es perfecto y santo. (Isa 6:3.) Por consiguiente, en armonía con su santidad, aquellos a quienes acepta como sus hijos deben ser perfectos. (Dt 32:4, 5.) Jesucristo, el Hijo principal de Dios, demostró ser perfecto, “leal, sin engaño, incontaminado, separado de los pecadores”. (Heb 7:26.) Sin embargo, sus seguidores son escogidos de entre los hijos de Adán, quien, debido a su pecado, engendró una familia imperfecta y pecadora. (Ro 5:12; 1Co 15:22.) Por ello, como se muestra en Juan 1:12, 13, los seguidores de Jesús no eran en un principio hijos de Dios. Por su bondad inmerecida, Él dispuso un proceso de “adopción” por medio del cual acepta a estas personas favorecidas y las introduce en una relación espiritual como parte de la familia de sus hijos. (Ro 8:15, 16; 1Jn 3:1.) Por consiguiente, Dios sienta la base para su entrada, o adopción, en la condición de hijos, al declararlos justos por medio del mérito del sacrificio de rescate de Cristo, en el que ejercen fe, un sacrificio que los exonera de toda culpa debida al pecado. (Ro 5:1, 2, 8-11; compárese con Jn 1:12.) De este modo se les “imputa” o atribuye condición de justos, todos sus pecados les son perdonados y no se les tienen en cuenta. (Ro 4:6-8; 8:1, 2; Heb 10:12, 14.)
Este acto de justificación va más lejos que el de Abrahán (y de otros siervos precristianos de Dios). Santiago señaló el alcance de la justificación de Abrahán en estos términos: “Se cumplió la escritura que dice: ‘Abrahán puso fe en Jehová, y le fue contado por justicia’, y vino a ser llamado ‘amigo de Jehová’”. (Snt 2:20-23.) En consecuencia, sobre la base de su fe, la justificación de Abrahán le hizo amigo de Dios, pero no le confirió la condición de hijo de Dios mediante un ‘nuevo nacimiento’ que le permitiese alcanzar vida celestial. (Jn 3:3.) El registro bíblico aclara que antes de que Cristo viniese, ni la adopción en calidad de hijos de Dios ni la esperanza celestial estaban al alcance del hombre. (Jn 1:12, 17, 18; 2Ti 1:10; 1Pe 1:3; 1Jn 3:1.)
Todo lo considerado hace ver que aunque estos cristianos disfrutan de una condición de personas justas ante Dios, no han alcanzado en la carne la perfección literal o verdadera. (1Jn 1:8; 2:1.) En vista de su perspectiva de vida celestial, en realidad no necesitan tal perfección física. (1Co 15:42-44, 50; Heb 3:1; 1Pe 1:3, 4.) Sin embargo, por ser declarados justos, es decir, habiéndoseles ‘imputado’ o atribuido justicia, satisfacen los requisitos de Dios en este sentido y Él los introduce en el “nuevo pacto” validado por la sangre de Jesucristo. (Lu 22:20; Mt 26:28.) Estos hijos espirituales adoptivos, que se encuentran dentro del nuevo pacto realizado con el Israel espiritual, son ‘bautizados en la muerte de Cristo’ y, finalmente, sufren una muerte como la suya. (Ro 6:3-5; Flp 3:10, 11.)
Si bien Jehová perdona sus pecados e imperfecciones, en su carne persiste una lucha, como explicó Pablo en su carta a los Romanos (7:21-25), una lucha entre la ley implantada en su mente renovada (Ro 12:2; Ef 4:23), o la “ley de Dios”, y la “ley del pecado”, anidada en sus miembros. Esto se debe a que no gozan de un cuerpo perfecto aunque se les ha imputado justicia y perdonado sus pecados. Esta lucha interior pone a prueba su integridad a Dios; pueden ganarla con la ayuda del espíritu de Dios y el auxilio de su misericordioso sumo sacerdote, Jesucristo. (Ro 7:25; Heb 2:17, 18.) Sin embargo, para ganarla se requiere que constantemente ejerzan fe en el sacrificio redentor de Cristo y le sigan, manteniendo así su condición de justos a la vista de Dios (compárese con Rev 22:11) y asegurando para sí “su llamamiento y selección”. (2Pe 1:10; Ro 5:1, 9; 8:23-34; Tit 3:6, 7.) Si, por el contrario, incurren en una práctica del pecado, apartándose de la fe, pierden su condición favorecida ante Dios, su justificación, porque están ‘fijando de nuevo en un madero al Hijo de Dios para sí mismos y exponiéndolo a vergüenza pública’ (Heb 6:4-8), lo que supondría la destrucción de ellos. (Heb 10:26-31, 38, 39.) A este respecto, Jesús habló del pecado imperdonable, y el apóstol Juan distinguió entre el “pecado que no incurre en muerte” y el que “sí incurre en muerte”. (Mt 12:31, 32; 1Jn 5:16, 17.)
Después de su fiel proceder hasta la muerte, Jesucristo fue “hecho vivo en el espíritu” y recibió inmortalidad e incorrupción. (1Pe 3:18; 1Co 15:42, 45; 1Ti 6:16.) De esta forma fue “declarado [o pronunciado] justo en espíritu” (1Ti 3:16; Ro 1:2-4) y se sentó a la diestra de Dios en los cielos. (Heb 8:1; Flp 2:9-11.) Los seguidores fieles de las pisadas de Cristo esperan con anhelo una resurrección como la de él (Ro 6:5) y llegar a ser partícipes de la “naturaleza divina”. (2Pe 1:4.)
Se utiliza con mucha frecuencia ὁ κόσμος kó·smos para referirse a toda la sociedad humana no cristiana, sin importar su raza. Este es el mundo que odió a Jesús y a sus seguidores debido a que dieron testimonio de su injusticia y se mantuvieron separados de él; por ello ese mundo mostró que odiaba al propio Jehová Dios y no llegó a conocerle. (Jn 7:7; 15:17-25; 16:19, 20; 17:14, 25; 1Jn 3:1, 13.) Satanás el Diablo, el adversario de Dios, rige sobre dicho mundo formado por la sociedad humana injusta y sus reinos, y se ha convertido de hecho en el “dios” de ese mundo. (Mt 4:8, 9; Jn 12:31; 14:30; 16:11; compárese con 2Co 4:4.) No fue Dios quien produjo ese mundo injusto; el que lo ha formado es el principal opositor de Dios, en cuyo poder “el mundo entero yace”. (1Jn 4:4, 5; 5:18, 19.) Satanás y sus “fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales” actúan como los “gobernantes mundiales [o “cosmócratas”; gr. ko·smo·krá·to·ras]” invisibles sobre el mundo alejado de Dios. (Ef 6:11, 12.)
La esperanza es indispensable para el cristiano. Acompaña al gozo, a la paz y al poder del espíritu santo. (Ro 15:13.) Promueve franqueza de expresión al acercarse a Dios para recibir su bondad inmerecida y misericordia. (2Co 3:12.) Permite que el cristiano aguante con regocijo, sin importar cuáles sean las circunstancias. (Ro 12:12; 1Te 1:3.) Igual que un yelmo protegía la cabeza de un guerrero, la esperanza de la salvación protege las facultades mentales del cristiano y le permite mantener integridad. (1Te 5:8.) La esperanza fortalece, pues aunque el cristiano ungido que todavía está en la Tierra no posee la recompensa de la vida celestial, su deseo y expectación es tan fuerte, que continúa aguardando con paciencia y aguante aquello que espera a pesar de pruebas y dificultades severas. (Ro 8:24, 25.)
La esperanza le ayuda al cristiano a mantener un modo de vivir limpio, pues sabe que Dios y Cristo, en quienes descansa la esperanza, son puros, y que no puede esperar ser como Dios y recibir la recompensa si practica la inmundicia o la injusticia. (1Jn 3:2, 3.) La esperanza guarda estrecha relación con la más grande de las cualidades: el amor, pues aquel que de verdad ama a Dios también tendrá esperanza en todas sus promesas. Por otra parte, esperará lo mejor para sus hermanos en la fe, amándoles y confiando en su sinceridad de corazón en Cristo. (1Co 13:4, 7; 1Te 2:19.)
Todos los que tengan “esta esperanza” de vida celestial deben ser movidos a purificarse a sí mismos “así como ése [Jehová] es puro”. Aunque los ungidos en la actualidad son imperfectos, deben llevar vidas limpias que armonicen con su esperanza de ver al Dios puro y santo en la esfera celestial. (Salmo 99:5, 9; 2 Corintios 7:1.)
La descripción de los serafines con pies, alas, etc., debe entenderse de manera simbólica. Su semejanza a la forma de criaturas terrestres solo representa algunas de sus aptitudes o de las funciones que realizan, tal como a menudo Dios habla simbólicamente de sí mismo como si tuviera ojos, oídos y otros rasgos humanos. El apóstol Juan muestra que ningún hombre conoce la forma de Dios al decir: “Amados, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sí sabemos que cuando él sea manifestado seremos semejantes a él, porque lo veremos tal como él es”. (1Jn 3:2.)
4 Todo el que practica el pecado está violando la ley; el pecado es la violación de la ley. 5 Ustedes también saben que él fue manifestado para quitar nuestros pecados, y en él no hay pecado. 6 Nadie que se mantiene en unión con él practica el pecado; nadie que practica el pecado lo ha visto ni ha llegado a conocerlo. 7 Hijitos, que nadie los engañe. El que practica la justicia es justo, así como él es justo. 8 El que practica el pecado proviene del Diablo, porque el Diablo ha estado pecando desde el principio. El Hijo de Dios fue manifestado con este propósito: para deshacer las obras del Diablo.
4 Πᾶς ὁ ποιῶν τὴν ἁμαρτίαν καὶ τὴν ἀνομίαν ποιεῖ, καὶ ἡ ἁμαρτία ἐστὶν ἡ ἀνομία. 5 καὶ οἴδατε ὅτι ἐκεῖνος ἐφανερώθη ἵνα τὰς ἁμαρτίας ἄρῃ, καὶ ἁμαρτία ἐν αὐτῷ οὐκ ἔστιν. 6 πᾶς ὁ ἐν αὐτῷ μένων οὐχ ἁμαρτάνει· πᾶς ὁ ἁμαρτάνων οὐχ ἑώρακεν αὐτὸν οὐδὲ ἔγνωκεν αὐτόν. 7 Τεκνία, μηδεὶς πλανάτω ὑμᾶς· ὁ ποιῶν τὴν δικαιοσύνην δίκαιός ἐστιν, καθὼς ἐκεῖνος δίκαιός ἐστιν· 8 ὁ ποιῶν τὴν ἁμαρτίαν ἐκ τοῦ διαβόλου ἐστίν, ὅτι ἀπ' ἀρχῆς ὁ διάβολος ἁμαρτάνει. εἰς τοῦτο ἐφανερώθη ὁ υἱὸς τοῦ θεοῦ ἵνα λύσῃ τὰ ἔργα τοῦ διαβόλου.
Pecado aislado y práctica del pecado. Juan también hace una distinción entre el pecado aislado y la práctica del pecado, según se ve al comparar 1 Juan 2:1 con 3:4-8 en la Traducción del Nuevo Mundo. La obra Imágenes verbales en el Nuevo Testamento (de A. T. Robertson, CLIE, 1990, vol. 6, pág. 247) dice en cuanto a lo propio de la traducción “todo el que practica pecado , (ὁ ποιῶν τὴν ἁμαρτίαν, ho poi·ṓn tēn ha·mar·tí·an)” (1Jn 3:4): “El participio presente en voz activa ( ποιῶν ,poiōn) significa el hábito de practicar el pecado”.
En 1 Juan 3:6, aparece la frase ( οὐχ ἁμαρτάνει oukj ha·mar·tá·nei )en el texto griego, la misma obra comenta (pág. 247): “Presente lineal [...] de indicativo en voz activa de hamartanō: ‘no persiste en pecar’”. Por consiguiente, es posible que en un determinado momento el cristiano fiel incurra o caiga en pecado debido a debilidad o a ser descarriado, pero “no se ocupa en el pecado”, es decir no anda de continuo en ese camino. (1Jn 3:9, 10; compárese con 1Co 15:33, 34; 1Ti 5:20.)
El no distinguir entre los tiempos presente y aoristo cuando se traduce, dificulta la comprensión de la idea original. Por ejemplo, en la traducción Nácar-Colunga puede parecer que el apóstol Juan se contradice al comparar el pasaje citado antes con las palabras de 1 Juan 3:6, 9. Esta traducción dice: “Todo el que permanece en Él no peca” y “Quien ha nacido de Dios no peca”. Esta traducción no transmite con claridad la acción continua que da a entender el tiempo presente de los verbos griegos empleados. Sin embargo, algunas versiones modernas, en lugar de traducir esta expresión por “no peca”, tienen en cuenta la acción continua y traducen los verbos correspondientes: “No practica el pecado”, “no se ocupa en el pecado” (NM); “no sigue en el pecado”, “[no] vive entregado al pecado” (FS); “no continúa pecando”, “no practica el pecado” (Val), y “no anda en pecado”, “no practica el pecado” (PNT) (véanse también NTI, NVI). Del mismo modo, Jesús mandó a sus seguidores: “Sigan, pues, buscando primero el reino”, más bien que simplemente, “buscad primero su Reino”; con el uso del tiempo presente indica un esfuerzo continuo. (Mt 6:33; NM; BJ.)
El vivir como hijos de Dios también significa hacer lo que es justo. (1 Juan 3:4, 5.) “Todo el que practica pecado también está practicando desafuero” desde el punto de vista de Jehová, cuyas leyes ha violado el pecador. (Isaías 33:22; Santiago 4:12.) Todo “pecado es desafuero”, es decir, transigir respecto a las leyes de Dios. El practicar el pecado es contrario al espíritu cristiano, y estamos agradecidos de que Jesucristo “fue manifestado” como humano “para quitar nuestros pecados”. Puesto que “no hay pecado en él”, pudo presentar a Dios el único sacrificio completamente satisfactorio que expía los pecados. (Isaías 53:11, 12; Hebreos 7:26-28; 1 Pedro 2:22-25.)
“Todo el que permanece en unión con él [el Hijo] no practica el pecado.” (1 Juan 3:6.) Debido a nuestra imperfección, puede que a veces cometamos pecados. Pero el pecar no es una práctica en el caso de los que permanecen en unión con el Hijo y, por lo tanto, en unión con el Padre. Los que practican el pecado no han “visto” a Jesús con los ojos de fe; tales pecadores empedernidos, como los apóstatas, tampoco ‘conocen’ ni aprecian a Cristo como “El Cordero de Dios” que expía los pecados. (Juan 1:36.)
Juan advierte contra el dejarse extraviar. ( 1 Juan 3:7, 8.) “No vaya a extraviarlos nadie”, dice el apóstol, y añade: “el que se ocupa en la justicia [mediante el seguir la ley de Dios] es justo, así como ése [Jesucristo] es justo”. Nuestra pecaminosidad impide que seamos justos al mismo grado que lo fue nuestro Gran Dechado. Pero debido a la bondad inmerecida de Jehová, los seguidores ungidos de Jesús ahora pueden seguir viviendo como hijos de Dios.
El que deliberadamente practica el pecado “se origina del Diablo”, quien ha estado pecando “desde el principio” de su carrera de rebelión contra Jehová. Pero el Hijo de Dios “fue manifestado” para “desbaratar las obras” de Satanás relacionadas con el promover el pecado y la maldad. Esto incluye deshacer los efectos de la muerte adámica mediante la expiación del pecado por medio de Cristo y la resurrección de los que se hallan en el Seol (Hades), así como el magullamiento de la cabeza de Satanás. (Génesis 3:15; 1 Corintios 15:26.) Mientras tanto, que nosotros, el resto ungido y la “gran muchedumbre”, sigamos guardándonos de practicar pecado e injusticia.
El pecado se produjo primero en la región de los espíritus antes de introducirse en la Tierra. Desde tiempos inmemoriales había prevalecido en el universo una completa armonía con Dios. Pero esa armonía fue interrumpida por una criatura celestial a la que se llama simplemente Resistidor, Adversario heb. Sa·tán; gr. (Sa·ta·nás; Job 1:6; Ro 16:20), el principal Acusador Falso o Calumniador (gr. Di·á·bo·los) de Dios. (Heb 2:14; Rev 12:9.) Por consiguiente, el apóstol Juan dice: “El que se ocupa en el pecado se origina del Diablo, porque el Diablo ha estado pecando desde el principio”. (1Jn 3:8.)
Con la expresión “desde el principio”, Juan claramente se refiere al principio de la persistente oposición de Satanás, igual que en 1 Juan 2:7; 3:11 se utiliza “principio” para referirse al comienzo del discipulado de los cristianos. Las palabras de Juan muestran que Satanás continuó su proceder pecaminoso después de haber dado principio al pecado. Por consiguiente, todo el que “hace del pecado su ocupación o práctica” demuestra que es ‘hijo’ del Adversario, descendiente espiritual que refleja las cualidades de su “padre”.
Antes de que el Reino pudiera empezar a gobernar, era necesario que apareciera en la Tierra la parte principal de la Descendencia, Jesucristo. ¿Por qué? Porque Jehová Dios lo nombró “para desbaratar [o deshacer] las obras del Diablo” (1 Juan 3:8). Las obras de Satanás incluían haber inducido a Adán al pecado, lo cual ocasionó la condenación al pecado y a la muerte de toda la prole de este (Romanos 5:12). Jesús deshizo esta obra del Diablo al dar Su vida como rescate. Así, proveyó la base para librar a la humanidad de la condenación al pecado y a la muerte, y abrió el camino a la vida eterna (Mateo 20:28; Romanos 3:24; Efesios 1:7).
La resurrección también hace posible que Dios cumpla con lo que el apóstol Juan escribió: “Con este propósito el Hijo de Dios fue manifestado, a saber, para desbaratar las obras del Diablo” (1 Juan 3:8). En el jardín de Edén, Satanás se convirtió en el asesino de toda la especie humana cuando indujo a nuestros primeros padres al pecado que les ocasionó la muerte (Génesis 3:1-6; Juan 8:44). Jesús empezó a desbaratar las obras de Satanás cuando entregó su vida perfecta como un rescate correspondiente que abría el camino para que se liberara a la humanidad de la esclavitud heredada al pecado, legado de la desobediencia voluntaria de Adán (Romanos 5:18). La resurrección de los que mueren por causa del pecado de Adán será otra manera de desbaratar las obras del Diablo.
9 Nadie que ha nacido de Dios practica el pecado, porque la semilla de Dios permanece en él, y él no puede practicar el pecado porque ha nacido de Dios. 10 Los hijos de Dios y los hijos del Diablo se reconocen por esto: el que no practica la justicia no proviene de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano. 11 Porque este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos unos a otros; 12 no como Caín, que provino del Maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus propias acciones eran malvadas pero las de su hermano eran justas.
9 Πᾶς ὁ γεγεννημένος ἐκ τοῦ θεοῦ ἁμαρτίαν οὐ ποιεῖ, ὅτι σπέρμα αὐτοῦ ἐν αὐτῷ μένει, καὶ οὐ δύναται ἁμαρτάνειν, ὅτι ἐκ τοῦ θεοῦ γεγέννηται. 10 ἐν τούτῳ φανερά ἐστιν τὰ τέκνα τοῦ θεοῦ καὶ τὰ τέκνα τοῦ διαβόλου· πᾶς ὁ μὴ ποιῶν δικαιοσύνην οὐκ ἔστιν ἐκ τοῦ θεοῦ, καὶ ὁ μὴ ἀγαπῶν τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ.
11 ὅτι αὕτη ἐστὶν ἡ ἀγγελία ἣν ἠκούσατε ἀπ' ἀρχῆς, ἵνα ἀγαπῶμεν ἀλλήλους· 12 οὐ καθὼς Καὶν ἐκ τοῦ πονηροῦ ἦν καὶ ἔσφαξεν τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ· καὶ χάριν τίνος ἔσφαξεν αὐτόν; ὅτι τὰ ἔργα αὐτοῦ πονηρὰ ἦν, τὰ δὲ τοῦ ἀδελφοῦ αὐτοῦ δίκαια.
Juan hace una distinción entre los hijos de Dios y los hijos del Diablo. ( 1 Juan 3:9-12.) Todo el que ha “nacido de Dios no se ocupa en el pecado”, o no hace de este una práctica. La “semilla reproductiva” de Jehová, o el espíritu santo que da a la persona “un nuevo nacimiento” a una esperanza celestial, permanece en el individuo a menos que este lo resista y en consecuencia ‘contriste’ el espíritu, haciendo que Dios lo aparte de él. (1 Pedro 1:3, 4, 18, 19, 23; Efesios 4:30.) Para permanecer como hijo de Dios, el cristiano engendrado por espíritu “no puede practicar el pecado”. Y siendo que ahora es “una nueva creación” con una “nueva personalidad”, lucha contra el pecado. Ha “escapado de la corrupción que hay en el mundo por la lujuria”, y en su corazón no se halla el deseo de ser un malhechor habitual. (2 Corintios 5:16, 17; Colosenses 3:5-11; 2 Pedro 1:4.)
Una manera de distinguir entre los hijos de Dios y los hijos del Diablo es la siguiente: “Todo el que no se ocupa en la justicia no se origina de Dios”. La injusticia es tan característica de los hijos del Diablo que estos “no duermen a menos que hagan maldad, y su sueño les ha sido arrebatado a no ser que hagan tropezar a alguien”, esto es lo que los apóstatas quisieran hacerle a los cristianos leales. (Proverbios 4:14-16.)
Además, “tampoco [se origina de Dios] el que no ama a su hermano”. De hecho, el “mensaje” que hemos oído “desde el principio” de nuestra vida como testigos de Jehová es que “debemos tener amor unos para con otros”. (Juan 13:34.) De manera que no somos “como Caín”, quien mostró que se “originó del inicuo” al ‘degollar a su hermano’ de manera violenta, lo cual es característico del homicida Satanás. (Génesis 4:2-10; Juan 8:44.) Caín degolló a Abel “porque sus propias obras eran inicuas, pero las de su hermano eran justas”. El reflexionar en el proceder de Caín ciertamente debe movernos a guardarnos contra el odiar de manera similar a nuestros hermanos espirituales.
El apóstol Pedro les recuerda a sus hermanos su condición de hijos del “Dios vivo y duradero”, no de un padre humano que muere y que no puede transmitirles incorruptibilidad ni vida eterna. La semilla incorruptible con la que se les ha dado este nuevo nacimiento es el espíritu santo de Dios, su fuerza activa, que obra conjuntamente con su palabra perdurable inspirada por el espíritu. El apóstol Juan, de igual manera, dice en cuanto a estos ungidos por espíritu: “Todo el que ha nacido de Dios no se ocupa en el pecado, porque la semilla reproductiva de Él permanece en el tal, y no puede practicar el pecado, porque ha nacido de Dios”. (1Jn 3:9.)
Este espíritu actúa en ellos para generar un nuevo nacimiento como hijos de Dios. Es una fuerza que limpia, y produce el fruto del espíritu, no las obras corruptas de la carne. El que tenga en él esta semilla reproductiva no practicará, por lo tanto, las obras de la carne. El apóstol Pablo dice al respecto: “Porque Dios nos llamó, no con permiso para inmundicia, sino con relación a santificación. Así, pues, el hombre que muestra desatención, no está desatendiendo a hombre, sino a Dios, que pone su espíritu santo en ustedes”. (1Te 4:7, 8.)
Sin embargo, si un cristiano engendrado por espíritu resistiese constantemente al espíritu santo, lo ‘contristase’, ‘entristeciese’ o ‘hiriese’, con el tiempo Dios le retiraría su espíritu. (Ef 4:30, nota; compárese con Isa 63:10.) Una persona podría ir tan lejos como hasta incurrir en blasfemia contra el espíritu, lo que le abocaría a un desenlace fatal. (Mt 12:31, 32; Lu 12:10.) Por esa razón, Pedro y Juan recalcaron la importancia de mantener la santidad y el amor de Dios, amar a los hermanos desde el corazón y aceptar con sumisión la guía del espíritu de Dios, pues solo así demostrarían ser verdaderos hijos leales de Dios. (1Pe 1:14-16, 22; 1Jn 2:18, 19; 3:10, 14.)
En una ocasión, el Gran Maestro hizo esta sorprendente pregunta: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?” (Mateo 12:48). ¿Podrías contestar esa pregunta?... Seguramente sabes que la madre de Jesús se llamaba María. La Biblia dice que los hermanos de Jesús se llamaban Santiago, José, Simón y Judas. Indica, además, que sí tenía hermanas. Jesús era el primer hijo, de modo que todos sus hermanos eran menores que él (Mateo 13:55, 56; Lucas 1:34, 35).
¿Eran los hermanos de Jesús discípulos suyos?... La Biblia dice que al principio “no ejercían fe en él” (Juan 7:5). Pero después, Santiago y Judas llegaron a ser sus discípulos e incluso escribieron libros de la Biblia. ¿Sabes cuáles?... Las cartas de Santiago y de Judas. Aunque la Biblia no revela el nombre de las hermanas de Jesús, sabemos que por lo menos eran dos. ¿Se hicieron discípulas de él sus hermanas?... La Biblia no lo dice, así que no lo sabemos. Pero ¿por qué preguntó Jesús quiénes eran su madre y sus hermanos?... Vamos a ver.
Momentos antes, Jesús estaba enseñando a sus discípulos, y alguien lo interrumpió para decirle: “Tu madre y tus hermanos están parados fuera, y procuran hablarte”. Jesús quiso aprovechar la oportunidad para enseñar una lección importante. Por eso hizo la sorprendente pregunta: “¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”, y entonces, señalando hacia sus discípulos, exclamó: “¡Mira! ¡Mi madre y mis hermanos!”.
A continuación explicó: “Cualquiera que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano y hermana y madre” (Mateo 12:47-50). Esto muestra el cariño que Jesús sentía por sus discípulos. Con esas palabras nos enseñó que, para él, sus discípulos eran como verdaderos hermanos, hermanas y madres.
En aquel entonces, los hermanos carnales de Jesús —Santiago, José, Simón y Judas— no pensaban que él fuera el Hijo de Dios. No creían que fuera cierto lo que el ángel Gabriel le había dicho a su madre (Lucas 1:30-33). Puede que incluso trataran mal a Jesús. Quien se porta así no demuestra ser un verdadero hermano. ¿Conoces a alguien que se porte mal con su hermano o su hermana?...
En el relato bíblico de Esaú y Jacob leemos que Esaú se enojó tanto con su hermano que dijo: “Voy a matar a Jacob mi hermano”. Su madre, Rebeca, se asustó mucho y mandó a Jacob lejos para que Esaú no lo matara (Génesis 27:41-46). Sin embargo, muchos años después, Esaú cambió de actitud, y abrazó y besó a su hermano (Génesis 33:4). Con el tiempo, Jacob tuvo doce hijos. Pero los mayores no amaban a su hermano menor José. Tenían celos de él porque era el preferido de su padre. De modo que lo vendieron a unos mercaderes de esclavos que iban camino a Egipto, y luego le dijeron a su padre que una fiera lo había matado (Génesis 37:23-36).
Años después, los hermanos de José se arrepintieron de lo que habían hecho, y él los perdonó. ¿Ves en qué se parecen José y Jesús?... Cuando Jesús estuvo en problemas, sus apóstoles huyeron, y Pedro hasta negó que lo conociera. Pero, al igual que José, Jesús los perdonó a todos.
También aprendemos una lección de lo que les sucedió a otros dos hermanos: Caín y Abel. Dios vio en el corazón de Caín que no amaba a su hermano, así que le dijo que tenía que cambiar. Si Caín hubiera amado de verdad a Dios, le habría hecho caso. Pero no lo amaba. Un día, Caín le dijo a su hermano: “Vamos allá al campo”. Abel lo acompañó, y cuando estaban los dos solos en el campo, Caín le dio un golpe tan fuerte que lo mató (Génesis 4:2-8).
La Biblia dice que ese relato nos enseña una lección importante. ¿Sabes cuál es?... “Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio, que debemos tener amor unos para con otros; no como Caín, que se originó del inicuo.” Por lo tanto, los hermanos tienen que amarse. No deben ser como Caín (1 Juan 3:11, 12).
¿Por qué no debemos ser como Caín?... Porque la Biblia dice que Caín “se originó del inicuo”, Satanás el Diablo. Como Caín se portó igual que el Diablo, fue como si se hubiera convertido en hijo suyo. ¿Entiendes por qué es importante que ames a tus hermanos?... Si no lo haces, ¿a quiénes estarás imitando?... A los hijos del Diablo. Y tú no deseas ser como ellos, ¿verdad?... Entonces, ¿cómo puedes demostrar que quieres ser un hijo o una hija de Dios?... Amando a tus hermanos.
Pero ¿qué es el amor?... Es un sentimiento profundo que nos motiva a realizar buenas obras por otras personas. Demostramos amor a los demás cuando les tenemos cariño y hacemos cosas buenas por ellos. ¿Y quiénes son nuestros hermanos, a los que debemos amar?... Recuerda que Jesús enseñó que son quienes componen la gran familia cristiana.
¿Por qué es importante que amemos a nuestros hermanos cristianos?... La Biblia dice: “El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto” (1 Juan 4:20). De manera que no basta con amar solo a unos cuantos miembros de la familia cristiana. Debemos amarlos a todos. Jesús dijo: “En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (Juan 13:35). ¿Amas tú a todos los hermanos?... Recuerda que si no los amas a ellos, tampoco amas realmente a Dios. ¿Cómo podemos demostrar verdadero amor a nuestros hermanos?... Por ejemplo, no evitaremos encontrarnos con ellos para no tener que hablarles. Al contrario, seremos amables con todos, los trataremos siempre bien y compartiremos nuestras cosas con ellos. Y si alguna vez tienen problemas, los ayudaremos, porque verdaderamente somos una gran familia.
13 Hermanos, no se sorprendan de que el mundo los odie. 14 Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. 15 Todo el que odia a su hermano es un asesino, y ustedes saben que en ningún asesino permanece la vida eterna. 16 Por esto hemos llegado a conocer el amor: porque él entregó la vida por nosotros, y nosotros tenemos la obligación de entregar la vida por nuestros hermanos. 17 Pero, si alguien tiene las posesiones de este mundo y ve que su hermano está pasando necesidad pero se niega a mostrarle compasión, ¿cómo puede el amor a Dios permanecer en él? 18 Hijitos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad.
13 [καὶ] Μὴ θαυμάζετε, ἀδελφοί, εἰ μισεῖ ὑμᾶς ὁ κόσμος. 14 ἡμεῖς οἴδαμεν ὅτι μεταβεβήκαμεν ἐκ τοῦ θανάτου εἰς τὴν ζωήν, ὅτι ἀγαπῶμεν τοὺς ἀδελφούς· ὁ μὴ ἀγαπῶν μένει ἐν τῷ θανάτῳ. 15 πᾶς ὁ μισῶν τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ ἀνθρωποκτόνος ἐστίν, καὶ οἴδατε ὅτι πᾶς ἀνθρωποκτόνος οὐκ ἔχει ζωὴν αἰώνιον ἐν αὐτῷ μένουσαν. 16 Ἐν τούτῳ ἐγνώκαμεν τὴν ἀγάπην, ὅτι ἐκεῖνος ὑπὲρ ἡμῶν τὴν ψυχὴν αὐτοῦ ἔθηκεν· καὶ ἡμεῖς ὀφείλομεν ὑπὲρ τῶν ἀδελφῶν τὰς ψυχὰς θεῖναι. 17 ὃς δ' ἂν ἔχῃ τὸν βίον τοῦ κόσμου καὶ θεωρῇ τὸν ἀδελφὸν αὐτοῦ χρείαν ἔχοντα καὶ κλείσῃ τὰ σπλάγχνα αὐτοῦ ἀπ' αὐτοῦ, πῶς ἡ ἀγάπη τοῦ θεοῦ μένει ἐν αὐτῷ;
18 Τεκνία, μὴ ἀγαπῶμεν λόγῳ μηδὲ τῇ γλώσσῃ ἀλλὰ ἐν ἔργῳ καὶ ἀληθείᾳ.
Sabemos que el mundo va a odiarnos (1 Juan 3:13). Juan nos recuerda que “el mundo entero está bajo el poder del Maligno” (1 Juan 5:19). El fin de este sistema está cada vez más cerca, así que Satanás está cada vez más furioso (Apoc. 12:12). No solo nos ataca por medios sutiles, como la inmoralidad y las mentiras de los apóstatas, sino que también usa la fuerza. Él sabe que le queda poco tiempo, por eso intenta más y más detener la predicación o destruir nuestra fe. No nos extraña, pues, que en algunos países se restrinja o incluso prohíba nuestra obra. Aun así, nuestros hermanos en esos lugares siguen aguantando. Demuestran que, sin importar lo que el Diablo nos haga, podemos mantenernos fieles.
Podemos ayudar a los hermanos a seguir en la verdad siendo compasivos (1 Juan 3:10, 11, 16-18). Debemos amarnos unos a otros en las buenas y en las malas. Por ejemplo, ¿conocemos a algún hermano que ha perdido a un ser querido y necesita consuelo o algún tipo de ayuda? ¿Nos hemos enterado de que debido a un desastre natural los hermanos necesitan ayuda para reconstruir sus Salones del Reino o sus hogares? El verdadero amor y compasión por nuestros hermanos lo demostraremos sobre todo con actos, no solo con palabras.
Cuando nos mostramos amor unos a otros, imitamos a nuestro cariñoso Padre celestial ( 1 Juan 4:7, 8). Una forma importante de mostrar amor es perdonando a los demás. Por ejemplo, si alguien nos hiere, el amor nos llevará a perdonarlo y olvidar lo que hizo (Col. 3:13). El apóstol Juan amaba mucho a sus hermanos y se interesaba en su bienestar espiritual. Ese sentimiento se refleja con claridad en los consejos que dio en las tres cartas que escribió por inspiración. Cuánto nos anima saber que los hombres y mujeres que irán al cielo a gobernar con Cristo tienen la misma clase de sentimientos que tenía Juan (1 Juan 2:27).
Tomemos en serio los consejos que hemos analizado. Resolvámonos a andar en la verdad y a obedecer a Jehová en todo lo que hagamos. Estudiemos su Palabra y confiemos en ella. Fortalezcamos nuestra fe en Jesús. Rechacemos las ideas humanas y lo que dicen los apóstatas. Luchemos contra la tentación de llevar una doble vida y ceder al pecado. Dejémonos guiar por las elevadas normas morales de Jehová. Y ayudemos a nuestros hermanos a mantenerse fuertes perdonando a los que nos ofenden y ayudando a los que lo necesitan. Entonces, sin importar las batallas que tengamos que luchar, seguiremos andando en la verdad.
Si imitáramos a Caín, estaríamos muertos en sentido espiritual. ( 1 Juan 3:13-15.) Por su gran odio mató a su hermano, y no nos sorprende que el mundo nos odie de manera similar, pues Jesús predijo esto. (Marcos 13:13.) Pero “nosotros sabemos [o, estamos seguros] que hemos pasado de muerte [espiritual] a vida [eterna], porque amamos a los hermanos”, nuestros compañeros testigos de Jehová. Debido a ese amor fraternal, aunado a nuestra fe en Cristo, ya no estamos ‘muertos’ en nuestras ofensas y pecados, sino que Dios ha removido de nosotros Su condenación y nos ha levantado de la muerte espiritual, dándonos la esperanza de vida eterna. (Juan 5:24; Efesios 2:1-7.) Los desamorados apóstatas no tienen tal esperanza, pues “el que no ama permanece en la muerte [espiritual]”.
En realidad, “todo el que odia a su hermano es homicida”. Quizás no se cometa un homicidio literal (como cuando Caín mató a Abel debido a envidia y odio), pero la persona que odia desearía que su hermano espiritual no viviera. Puesto que Jehová lee el corazón, el que odia permanece bajo condenación. (Proverbios 21:2; compárese con Mateo 5:21, 22.) Ningún “homicida” impenitente, o que odia a un compañero de creencia, “tiene vida eterna en permanencia en él”. Por lo tanto si aún en secreto odiáramos a un compañero testigo, ¿no deberíamos orar a Jehová para que nos ayude a cambiar nuestro espíritu a uno de amor fraternal?
Si hemos de seguir viviendo como hijos de Dios, tenemos que mostrar amor fraternal en palabra y hecho. ( 1 Juan 3:16-18.) Esto debe ser posible, pues “hemos venido a conocer el amor, porque aquél [Jesucristo] entregó su alma [o “vida”] por nosotros”. Puesto que Jesús mostró amor hasta ese extremo, nosotros deberíamos desplegar un amor similar basado en principios (griego, ἀγάπη, ης, ἡ , agape) para con nuestros compañeros creyentes. Por ejemplo, en tiempos de persecución “estamos obligados a entregar nuestras almas por nuestros hermanos”, así como Prisca y Áquila, quienes ‘arriesgaron su propio cuello’ por el alma del apóstol Pablo. (Romanos 16:3, 4; Juan 15:12, 13.)
Si nuestro deber es dar la vida por nuestros hermanos, deberíamos estar dispuestos a hacer cosas menos exigentes a favor de ellos. Supongamos que tenemos “los medios de este mundo para el sostén de la vida”: dinero, comida, ropa y cosas similares que el mundo hace posible, y tal vez ‘contemplemos’ a un hermano en necesidad, no solo viendo por casualidad su situación, sino más bien fijándonos bien en ella, puede que al verlo de esa manera la “puerta” de nuestras “tiernas compasiones”, o sentimientos profundos, se abran. Pero ¿qué hay si cerramos esa “puerta” por medio de permitir que el egoísmo frustre nuestros deseos de ayudarle? Entonces, ¿“de qué manera permanece el amor de Dios” en nosotros? No basta con solo hablar del amor fraternal. Como hijos de Dios, tenemos que manifestarlo “en hecho y verdad”. Por ejemplo, si un hermano está pasando hambre, este necesita comida, no meras palabras. (Santiago 2:14-17.)
‘Pasar de muerte a vida.’ Jesús habló de los que ‘tienen vida eterna’ porque oyen sus palabras con fe y obediencia y creen en el Padre que le envió. Dijo en cuanto a cada uno de ellos: “No entra en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida. Muy verdaderamente les digo: La hora viene, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan hecho caso vivirán”. (Jn 5:24, 25.)
Los que han ‘pasado de la muerte a la vida ahora’ no son los que habían muerto literalmente y estaban en las sepulturas. Cuando Jesús dijo estas palabras, toda la humanidad estaba condenada a muerte ante Dios el Juez de todos. Por lo tanto, Jesús se refería a personas que estaban muertas en sentido espiritual, a la clase de muertos espirituales que debió tener presente cuando dijo al judío que quería ir primero a su casa a enterrar a su padre: “Continúa siguiéndome, y deja que los muertos entierren a sus muertos”. (Mt 8:21, 22.)
Los que se han hecho cristianos verdaderos se encontraron en un tiempo entre las personas del mundo que estaban muertas espiritualmente. El apóstol Pablo recordó a la congregación este hecho, diciendo: “A ustedes Dios los vivificó aunque estaban muertos en sus ofensas y pecados, en los cuales en un tiempo anduvieron conforme al sistema de cosas de este mundo [...]. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, nos vivificó junto con el Cristo, aun cuando estábamos muertos en ofensas —por bondad inmerecida han sido salvados ustedes— y nos levantó juntos y nos sentó juntos en los lugares celestiales en unión con Cristo Jesús”. (Ef 2:1, 2, 4-6.)
De modo que Jehová retiró su condenación debido a que ya no andaban en ofensas y pecados contra Dios y por su fe en Cristo. Los levantó de la muerte espiritual y les dio la esperanza de vida eterna. (1Pe 4:3-6.) El apóstol Juan describe este cambio de muerte en ofensas y pecados a vida espiritual con estas palabras: “No se maravillen, hermanos, de que el mundo los odie. Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos”. (1Jn 3:13, 14.)
El respeto por el regalo de la vida empieza en lo más profundo del corazón. Incluye lo que sentimos por otras personas. El apóstol Juan escribió: “Todo el que odia a su hermano es un asesino” (1 Juan 3:15). Sin darnos cuenta, podemos llegar a odiar a alguien que no nos cae bien. El odio puede hacer que tratemos a los demás sin respeto, que los acusemos falsamente o incluso que deseemos que estuvieran muertos. Jehová sabe lo que sentimos por otras personas (Levítico 19:16; Deuteronomio 19:18-21; Mateo 5:22). Así que, si notamos que odiamos a alguien, debemos esforzarnos por deshacernos de ese sentimiento (Santiago 1:14, 15; 4:1-3).
Otra manera de demostrar que valoramos la vida. Según Salmo 11:5, Jehová “odia a todo el que ama la violencia”. Si escogemos entretenimiento violento, eso podría revelar que amamos la violencia. Está claro que no queremos llenar la mente con imágenes, ideas y palabras violentas. Más bien, queremos llenarla con pensamientos limpios y pacíficos (Filipenses 4:8, 9).
El odio se equipara al asesinato. El impulso asesino procede del corazón. (Mt 15:19; Mr 7:21; compárese con Ro 1:28-32.) Por lo tanto, el que odiara a su hermano sería un homicida, un asesino. (1Jn 3:15.) Cristo Jesús también relacionó el asesinato con las actitudes incorrectas, como el que una persona continuara airada con su hermano, le insultara o lo juzgara y condenara como un “despreciable necio”. (Mt 5:21, 22.) Un odio interno de tal naturaleza puede conducir al asesinato. Ese parece ser el trasfondo de las palabras de Santiago (5:6), cuando dice: “Han condenado, han asesinado al justo”. Las personas adineradas de inclinación malvada a las que se refiere Santiago y que manifestaron odio a los discípulos del Hijo de Dios y los oprimieron, en determinadas ocasiones llegaron a materializar su odio en asesinato. Como Jesús considera que el trato que se les dispensa a sus hermanos es como si se le diese a él, estas personas también asesinaron figurativamente a Jesús. Esta parece ser la idea de Santiago en su comentario. (Compárese con Snt 2:1-11; Mt 25:40, 45; Hch 3:14, 15.)
Aunque a los seguidores de Cristo quizás se les persiga y hasta asesine por causa de la justicia, nunca deberían sufrir por haber cometido asesinatos u otros delitos. (Mt 10:16, 17, 28; 1Pe 4:12-16; Rev 21:8; 22:15.)
Pero Jehová no se conforma con que no hagamos daño al prójimo. Quiere que extirpemos del corazón un sentimiento por el que se han derramado mares de sangre: el odio. Mediante el apóstol Juan nos advierte: “Todo el que odia a su hermano es homicida” (1 Juan 3:15). Claro, no se trata solo de tenerle antipatía a una persona, sino de desear verla muerta. Tal aversión pudiera llevar a calumniarla o acusarla falsamente de actos dignos del castigo divino (Levítico 19:16; Deuteronomio 19:18-21; Mateo 5:22). Sin duda, es vital que nos esforcemos por erradicar del corazón las malas intenciones que tengamos (Santiago 1:14, 15; 4:1-3).
19 Así sabremos que provenimos de la verdad y haremos que nuestro corazón se sienta seguro delante de Dios, 20 incluso si nuestro corazón nos condena, porque Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo. 21 Amados, si nuestro corazón no nos condena, podemos hablarle a Dios con confianza; 22 y todo lo que le pedimos lo recibimos de él, porque estamos obedeciendo sus mandamientos y haciendo lo que a él le agrada. 23 De hecho, este es su mandamiento: que tengamos fe en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, así como él nos mandó. 24 Además, el que obedece sus mandamientos se mantiene en unión con él, y él se mantiene en unión con esa persona. Y, por el espíritu que él nos dio, sabemos que él se mantiene en unión con nosotros.
19 [καὶ] Ἐν τούτῳ γνωσόμεθα ὅτι ἐκ τῆς ἀληθείας ἐσμέν, καὶ ἔμπροσθεν αὐτοῦ πείσομεν τὴν καρδίαν ἡμῶν 20 ὅτι ἐὰν καταγινώσκῃ ἡμῶν ἡ καρδία, ὅτι μείζων ἐστὶν ὁ θεὸς τῆς καρδίας ἡμῶν καὶ γινώσκει πάντα. 21 Ἀγαπητοί, ἐὰν ἡ καρδία [ἡμῶν] μὴ καταγινώσκῃ, παρρησίαν ἔχομεν πρὸς τὸν θεόν, 22 καὶ ὃ ἂν / ἐὰν αἰτῶμεν λαμβάνομεν ἀπ' αὐτοῦ, ὅτι τὰς ἐντολὰς αὐτοῦ τηροῦμεν καὶ τὰ ἀρεστὰ ἐνώπιον αὐτοῦ ποιοῦμεν. 23 καὶ αὕτη ἐστὶν ἡ ἐντολὴ αὐτοῦ, ἵνα πιστεύσωμεν τῷ ὀνόματι τοῦ υἱοῦ αὐτοῦ Ἰησοῦ Χριστοῦ καὶ ἀγαπῶμεν ἀλλήλους, καθὼς ἔδωκεν ἐντολὴν ἡμῖν. 24 καὶ ὁ τηρῶν τὰς ἐντολὰς αὐτοῦ ἐν αὐτῷ μένει καὶ αὐτὸς ἐν αὐτῷ· καὶ ἐν τούτῳ γινώσκομεν ὅτι μένει ἐν ἡμῖν, ἐκ τοῦ πνεύματος οὗ ἡμῖν ἔδωκεν.
La Biblia dice: “Haremos que nuestro corazón se sienta seguro delante de Dios, incluso si nuestro corazón nos condena, porque Dios es más grande que nuestro corazón y lo sabe todo” (1 Juan 3:19, 20). Veamos cuatro maneras en que la Biblia nos ayuda a “que nuestro corazón se sienta seguro” de que Dios nos ama.
En primer lugar, la Biblia enseña claramente que, para Dios, cada uno de sus siervos es muy valioso. Por ejemplo, Jesús dijo: “Se venden dos gorriones por una moneda de poco valor, ¿no es cierto? Sin embargo, ni uno de ellos cae a tierra sin que su Padre lo sepa. Pero, en el caso de ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están todos contados. Así que no tengan miedo. Ustedes valen más que muchos gorriones” (Mateo 10:29-31). Pensemos en lo que estas palabras de Jesús significaban para un judío del siglo primero.
Hoy quizás nos preguntemos quién compraría un gorrión. Pues bien, en aquel tiempo el gorrión era el ave comestible más barata. Se vendían dos por una moneda de poco valor. En otra ocasión, Jesús dijo que con dos monedas no daban cuatro, sino cinco. Venía uno de regalo, como si no valiera nada. Quizá la gente pensara que esos pajaritos no tenían ningún valor. Pero ¿cómo los veía el Creador? Jesús dijo que “Dios no se olvida de ninguno de ellos”, ni siquiera del que salía gratis (Lucas 12:6, 7). ¿Vemos la lección? Si un pajarito es tan valioso para Jehová, ¡con más razón lo somos nosotros! Como explicó Jesús, Dios conoce hasta el más mínimo detalle sobre nosotros. ¡Hasta sabe cuántos cabellos tenemos!
¿Contar nuestros cabellos? Tal vez algunos piensen que Jesús exageraba. Pero piense en la resurrección. Para que Jehová haga que cada uno de nosotros vuelva a ser exactamente igual, ¡qué bien debe conocernos! Valemos tanto para él que lo recuerda todo sobre nosotros. Por ejemplo, conoce nuestro código genético y nuestros recuerdos, y sabe todo lo que nos ha pasado a lo largo de los años. Contar los cabellos de una persona —unos 100.000 en promedio— no es nada en comparación con esto.
En segundo lugar, la Biblia nos enseña lo que Jehová valora de sus siervos. Nuestras cualidades y los esfuerzos que hacemos por servirle lo hacen feliz. El rey David le dijo a su hijo Salomón: “Jehová examina todos los corazones y ve todas las intenciones y pensamientos” (1 Crónicas 28:9). Así que Jehová está buscando algo bueno en los miles de millones de corazones que hay en este mundo lleno de odio y violencia. ¡Qué feliz debe sentirse cuando encuentra un corazón que ama la paz, la justicia y la verdad! ¿Y qué hace Jehová cuando ve que alguien lo ama y quiere saber más cosas de él y contárselas a otros? Él mismo nos dice que se fija en especial en quienes hablan de él con otros. ¡Hasta hay “un libro para recordar a los que temen a Jehová y a los que meditan en su nombre”! (Malaquías 3:16). Él valora muchísimo todo esto.
Jehová valora mucho nuestras buenas obras. ¿Cuáles son algunas de ellas? Pues bien, él espera que nos esforcemos por seguir los pasos de su Hijo, Jesucristo (1 Pedro 2:21). Por eso una de las obras que Dios valora es predicar las buenas noticias del Reino. En Romanos 10:15 leemos: “¡Qué hermosos son los pies de los que declaran buenas noticias de cosas buenas!”. Por lo general, los pies no son lo más “hermoso” que tenemos. Pero, en este versículo, representan los esfuerzos que hacemos los siervos de Dios para predicar las buenas noticias. A Jehová le encanta ver esos esfuerzos y valen mucho para él (Mateo 24:14; 28:19, 20).
Jehová también valora nuestro aguante (Mateo 24:13). Recuerde que Satanás quiere que usted le dé la espalda a Dios. Así que cada día que le es leal a Jehová es un día más en que contribuye a responder a los desafíos del Diablo (Proverbios 27:11). Claro, a veces es difícil aguantar. Si tenemos problemas de salud, económicos, emocionales o de otro tipo, cada día puede convertirse en una prueba. Además, si nuestras expectativas tardan en cumplirse, podríamos desanimarnos (Proverbios 13:12). Jehová valora mucho que, a pesar de todo esto, le sigamos sirviendo con aguante. Por eso, con total seguridad, el rey David le pidió que recogiera sus lágrimas en un odre y le dijo: “¿Acaso no están anotadas en tu libro?” (Salmo 56:8). Jehová ve nuestras lágrimas y todo lo que sufrimos por serle leales. Él recuerda todo esto con cariño y lo valora muchísimo.
Pero, a pesar de saber todo esto, tal vez sigamos sintiendo que no merecemos que Dios nos ame. Quizá no dejemos de decirnos: “Hay tantos hermanos que son mejores que yo... ¡Qué decepcionado debe estar Jehová cuando me compara con ellos!”. Pero él no nos compara con nadie ni espera de nosotros más de lo que podemos hacer (Gálatas 6:4). Cuando Jehová mira en nuestro corazón, valora todo lo bueno que encuentra en él, por pequeño que parezca.
En tercer lugar, cuando Jehová mira en nuestro corazón, separa con cuidado lo que encuentra para sacar lo bueno. Por ejemplo, en la época del rey Jeroboán, dijo que acabaría con la dinastía apóstata de este rey. Ahora bien, decidió que uno de sus hijos, Abías, tuviera un entierro digno. ¿Por qué? Jehová, el Dios de Israel, había “encontrado algo bueno” en él (1 Reyes 14:1, 10-13). Jehová fue separando todo lo que vio en el corazón del muchacho y encontró “algo bueno”. Por insignificante que fuera aquello que encontró, él se encargó de que este dato se incluyera en su Palabra. Y hasta le mostró misericordia dándole un entierro digno, aunque venía de una familia apóstata.
El caso del rey Jehosafat nos enseña más claramente que Jehová busca lo bueno en las personas. Cuando el rey cometió un grave error, un profeta de Dios le dijo: “Jehová está indignado contigo”. ¡Qué mensaje tan fuerte! Pero también le dijo esto: “Sin embargo, se han hallado cosas buenas en ti” (2 Crónicas 19:1-3). Así que, aunque Jehová tenía buenas razones para estar muy enojado con Jehosafat, seguía viendo lo bueno que había en él. ¡Qué diferentes somos nosotros! Cuando alguien nos hace enojar, tal vez no veamos sus cosas buenas. Y, cuando nosotros cometemos un pecado, puede que la decepción, la vergüenza y la culpa no nos dejen ver nuestras cosas buenas. Pero tengamos presente que, si nos arrepentimos y nos esforzamos por no volver a caer en lo mismo, Jehová nos perdona.
Al ir buscando lo bueno que hay en nosotros, Jehová es como un buscador de oro, que desecha las piedritas y se queda con las valiosas pepitas de oro. Del mismo modo, Dios desecha nuestros pecados y se queda con nuestras buenas obras y cualidades. Pensemos en otro ejemplo. ¿Se ha fijado en el cariño con el que los padres guardan los dibujos o trabajos escolares de sus niños? Décadas después, cuando los hijos ya ni se acuerdan de esas cosas, los padres todavía las guardan. Pues Jehová es el Padre más cariñoso que hay. Mientras le seamos fieles, nunca olvidará nuestras buenas obras y cualidades. Para él sería una injusticia olvidarlas, y él no es injusto (Hebreos 6:10). Pero la búsqueda que Jehová hace en nuestro corazón no termina ahí.
Jehová ve más allá de nuestras imperfecciones y se centra en lo que podemos llegar a ser. Por ejemplo, quienes aman el arte son capaces de lo que sea con tal de restaurar una obra de arte dañada. En un museo de Londres (la National Gallery) había una obra maestra de Leonardo da Vinci, un dibujo de 500 años de antigüedad valorado en unos 30 millones de dólares. Un día, alguien le disparó, pero nadie pensó en tirarla porque hubiera sufrido daños. Más bien, se pusieron a restaurarla de inmediato. ¿Por qué? Por su valor para quienes aman el arte. Pero ¿verdad que usted vale más que cualquier dibujo? Aunque la imperfección nos haya causado tantos daños, Dios nos sigue valorando muchísimo (Salmo 72:12-14). Jehová, el artista que nos creó, restaurará a todos los que correspondan a su amor para que alcancen la perfección (Hechos 3:21; Romanos 8:20-22).
Todos tenemos cualidades que quizá nosotros no veamos; pero Jehová sí las ve. A medida que sigamos sirviéndole, potenciará todo lo bueno que hay en nosotros hasta que alcancemos la perfección. Por muy mal que nos haya tratado el mundo de Satanás, para Jehová siempre seremos muy valiosos (Ageo 2:7).
En cuarto lugar, todo lo que Jehová hace por nosotros demuestra que nos ama. Piense en esto: el Diablo afirmó que no valemos nada ni merecemos ser amados; pero el sacrificio de Jesús es la mayor prueba de que eso es mentira. Que esto se nos quede bien grabado: el dolor de Jesús en el madero de tormento y el dolor aún mayor que sintió Jehová al ver morir a su querido Hijo son prueba de que los dos nos aman muchísimo. Es triste decirlo, pero muchos sienten que no merecen el rescate, y por eso les cuesta verlo como un regalo personal. ¿Qué puede ayudarles? Recordar el caso del apóstol Pablo. Antes de hacerse cristiano era un perseguidor. Aun así, él escribió: “El Hijo de Dios [...] me amó y se entregó por mí” (Gálatas 1:13; 2:20).
Jehová nos ayuda individualmente a beneficiarnos del regalo del rescate, y así también nos demuestra su amor. Jesús dijo: “Nadie puede venir a mí a menos que el Padre, que me envió, lo traiga” (Juan 6:44). Jehová mismo nos acerca —o nos atrae— a su Hijo y nos ofrece la esperanza de vida eterna. ¿Cómo? Llegando a cada persona mediante la predicación. Además, usa su espíritu santo para que, a pesar de la imperfección, podamos entender y aplicar lo que nos enseña la Biblia. Jehová nos dice lo mismo que le dijo a su pueblo Israel: “Te he amado con un amor eterno. Por eso te atraje a mí con amor leal” (Jeremías 31:3).
Tal vez la forma más personal e íntima en que Jehová nos demuestra su amor es al concedernos el honor de orarle. En 1 Tesalonicenses 5:17 se nos hace esta invitación: “Oren constantemente”. Él nos presta atención, y la Biblia hasta se refiere a él como “el que escucha las oraciones” (Salmo 65:2). No ha delegado esta función en nadie, ni siquiera en su Hijo. Piénselo: el Creador del universo nos invita a acercarnos a él en oración con total libertad y confianza. ¿Y con qué actitud nos escucha? ¿Con frialdad, indiferencia o falta de interés? ¡No, para nada!
Jehová nos escucha con empatía. ¿Y qué es la empatía? Un cristiano de edad avanzada la definió así: “Es sentir tu dolor en mi corazón”. Pero ¿puede sentir Dios nuestro dolor? Isaías 63:9 dice cómo se sintió al ver sufrir a su pueblo Israel: “Durante todas sus angustias, él también estuvo angustiado”. Así que Jehová no solo vio que estaban angustiados, sino que sintió la angustia de ellos. Él mismo expresó lo intensos que son sus sentimientos cuando les dijo a sus siervos: “Quien los toca a ustedes toca la niña de mis ojos” (Zacarías 2:8). Cuando a uno le meten el dedo en el ojo, ¿verdad que es una sensación muy dolorosa? Pues algo así siente Jehová. Sufre cuando sufrimos.
Claro, tenemos que mostrar equilibrio y no pensar que el amor de Jehová nos da derecho a sentirnos superiores o a volvernos egocéntricos. El apóstol Pablo escribió: “Por la bondad inmerecida que se me ha mostrado, le digo a cada uno de ustedes que no piense de sí mismo más de lo que debe pensar, sino que piense de un modo que demuestre buen juicio, según la medida de fe que Dios le haya dado” (Romanos 12:3). Otra traducción bíblica lo dice así: “Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación” (Nueva Versión Internacional). Por eso, disfrutemos del cariño de nuestro Padre celestial, pero al mismo tiempo recordemos que su amor no es algo que nos hayamos ganado o nos merezcamos (Lucas 17:10).
Hagamos todo lo posible por rechazar las mentiras de Satanás, como por ejemplo la idea de que no valemos nada y no merecemos que nos quieran. Quizás lo que le ha pasado en la vida le ha hecho creer que usted es tan mala persona que no merece que Dios lo ame. O tal vez piense que sus buenas acciones son tan insignificantes que ni siquiera el Dios que todo lo ve puede tomarlas en cuenta. O hasta puede que se imagine que sus pecados son tan graves que ni siquiera la muerte del Hijo de Dios puede cubrirlos. Pero ¡cuidado! No se deje engañar por las mentiras de Satanás. Más bien, luche por convencerse de lo mismo que Pablo. Él dijo por inspiración: “Estoy convencido de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni gobiernos, ni cosas presentes ni cosas futuras, ni poderes, ni altura ni profundidad, ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:38, 39).
Cuando Juan envejeció, debió entender muchos detalles sobre la magnanimidad de Dios. Recordemos que escribió: “Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas”. Además, nos animó a ‘asegurar nuestro corazón’. ¿Qué quiso decir con esas palabras?
Según el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento, de Vine, el verbo griego πείθω, peizo, traducido ‘asegurar’ significa “aplicar persuasión, prevalecer sobre o ganarse a, persuadir”. En otras palabras, para asegurar nuestro corazón, hemos de ganárnoslo, persuadirlo de que crea que Jehová nos ama. ¿Cómo?
Cierto, la oración, la lectura de la Biblia y la meditación tal vez no cambien nuestra situación actual, pero pueden modificar el modo de verla. Grabar en el corazón ideas de la Palabra de Dios nos ayuda a pensar como Él. Además, gracias al estudio entendemos mejor la magnanimidad de Dios. Llegamos a aceptar poco a poco que Jehová no nos culpa del ambiente que vivimos en la niñez ni de nuestras dolencias. Sabe que las cargas que muchos llevamos, sean emocionales o físicas, por lo general no son culpa nuestra, y lo tiene amorosamente en cuenta.
Juan después pasa a señalar la seguridad de que somos hijos de Jehová. (1 Juan 3:19-24.) “Conoceremos que nos originamos de la verdad” y que no somos víctimas del engaño de los apóstatas “en esto”: en el hecho de que desplegamos amor fraternal. Así “aseguraremos nuestro corazón” delante de Dios. (Salmo 119:11.) Si nuestro corazón nos condena, quizás porque nos parece que no hemos mostrado suficiente amor a nuestros compañeros de adoración, recuerde que “Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas”. Él es misericordioso porque está al tanto de nuestro “cariño fraternal sin hipocresía”, de nuestra lucha contra el pecado y de nuestros esfuerzos por vivir de una manera que le agrade. (1 Pedro 1:22; Salmo 103:10-14.) “Si nuestro corazón no nos condena” debido a que hay hechos que prueban nuestro amor fraternal, y no somos culpables de pecados ocultos, “tenemos franqueza de expresión para con Dios” cuando le oramos. (Salmo 19:12.) Él contesta nuestras oraciones “porque estamos observando sus mandamientos y estamos haciendo las cosas que son gratas a sus ojos”.
Si esperamos recibir respuestas a nuestras oraciones, tenemos que guardar el “mandamiento” de Dios, el cual implica estos dos requisitos: 1) Tener fe en el “nombre” de Jesús, aceptar el rescate y reconocer su autoridad dada por Dios. (Filipenses 2:9-11.) 2) ‘Amarnos los unos a los otros’ así como Jesús mandó. (Juan 15:12, 17.) Indudablemente cualquiera que tenga fe en el nombre de Cristo debe amar a todos los que ejercen la misma fe.
La persona que observa los mandamientos de Dios “permanece en unión con él”, en unidad con Jehová. (Compárese con Juan 17:20, 21.) Pero ¿cómo “adquirimos el conocimiento” de que Dios ‘permanece en unión con nosotros’? Lo adquirimos “debido al espíritu [santo] que nos dio”. El poseer el espíritu santo de Dios y la capacidad de desplegar su fruto, que incluye el amor fraternal, prueba que estamos en unión con Jehová. (Gálatas 5:22, 23.)
A veces, nuestro corazón imperfecto puede engañarnos y hacernos sentir que no servimos para nada o que no merecemos que nos quieran ( 1 Juan 3:19, 20). Por eso, tal vez lleguemos a pensar que el sacrificio de Jesús no puede cubrir nuestros pecados. Cuando nos sintamos así, recordemos que “Dios es más grande que nuestro corazón”. Aunque sintamos que nuestro Padre celestial no nos ama ni nos perdona, la realidad es que sí nos ama y sí nos perdona. Tenemos que convencer a nuestro corazón para que lo acepte. Para lograrlo, tenemos que estudiar su Palabra todos los días, orar con frecuencia y pasar tiempo con los hermanos de manera regular. Veamos por qué son tan importantes estas tres cosas.
Estudiar la Palabra de Dios todos los días. Si lo hacemos, conoceremos cada vez mejor la hermosa personalidad de Jehová y nos daremos cuenta de lo mucho que nos quiere. Meditar cada día en la Biblia nos ayudará a pensar con más claridad y “rectificar las cosas” en nuestra mente y nuestro corazón (2 Tim. 3:16). Un anciano llamado Kevin, que luchaba con su baja autoestima, dice: “Leer el Salmo 103 y meditar en él me ha ayudado a ver las cosas como son y a entender lo que Jehová piensa de mí en realidad”. Eva, mencionada en el párrafo 5, explica: “Al terminar el día, dedico un ratito a meditar tranquilamente en cómo ve Jehová las cosas. Eso le da paz a mi corazón y fortalece mi fe”.
Orar con frecuencia (1 Tes. 5:17). Las buenas amistades se basan en la comunicación sincera y frecuente, y esto también es cierto en el caso de Jehová. Cuando le contamos lo que sentimos, lo que pensamos y lo que nos preocupa, le demostramos que confiamos en él y que sabemos que nos ama (Sal. 94:17-19; 1 Juan 5:14, 15). Yua, mencionada en el segundo párrafo, cuenta: “Cuando oro, trato de no limitarme a contarle a Jehová lo que he hecho ese día. Le abro mi corazón y le cuento todo lo que siento. En vez de ver a Jehová como el presidente de una compañía, poco a poco he aprendido a verlo como un padre que de veras ama a sus hijos”. (Vea el recuadro “¿Lo ha leído?”).
Pasar tiempo con nuestros hermanos. Ellos son un regalo de Jehová (Sant. 1:17). Nuestro Padre celestial demuestra que se interesa por cada uno de nosotros al suministrarnos una familia espiritual de hermanos que nos “ama en todo momento” (Prov. 17:17). En su carta a los colosenses, Pablo mencionó a ciertos cristianos que lo habían ayudado y dijo que se habían “convertido en una fuente de gran consuelo” para él (Col. 4:10, 11). El propio Jesucristo necesitó y agradeció el apoyo que recibió de sus amigos, tanto ángeles como seres humanos (Luc. 22:28, 43).
¿Buscamos y aceptamos la ayuda de nuestros hermanos de la congregación? Contarle a un hermano maduro lo que nos preocupa no es una señal de debilidad; de hecho, puede ser una protección. Pensemos en lo que dice James, mencionado en el párrafo 5: “Tener buenas amistades con cristianos maduros ha sido para mí un salvavidas. Cuando me invaden los sentimientos negativos, esos queridos amigos me escuchan con paciencia y me recuerdan que me quieren. Mediante ellos percibo que Jehová me ama y se preocupa por mí”. ¡Qué importante es que tengamos buenos amigos en la congregación!
Sabemos que “nos originamos de la verdad” porque amamos a nuestros hermanos y no practicamos el pecado (Salmo 119:11). Si nuestro corazón nos condena por alguna razón, recordemos que “Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas”. Él sabe que mostramos “cariño fraternal sin hipocresía”, que luchamos contra el pecado y que nos esforzamos por hacer su voluntad, y por eso tiene misericordia de nosotros (1 Pedro 1:22). Si además de manifestar amor fraternal y no practicar deliberadamente el pecado, confiamos en Jehová, nuestro corazón no nos condenará. Así, tendremos “franqueza de expresión” cuando le oremos a Dios. Y él, por su parte, nos contestará porque observamos sus mandamientos.
El apóstol Juan muestra que el amor de Dios se hace perfecto en los cristianos que permanecen en unión con Él, observan la palabra de su Hijo y se aman unos a otros. (1Jn 2:5; 4:11-18.) Este amor perfecto echa fuera el temor y concede “franqueza de expresión”. El contexto muestra que Juan se refiere en este pasaje a la “franqueza de expresión para con Dios”, franqueza que habría de tenerse, por ejemplo, al orar. (1Jn 3:19-22; compárese con Heb 4:16; 10:19-22.) La persona en la que el amor de Dios alcanza una expresión plena, puede acercarse a su Padre celestial confiado, sin sentirse condenado en su corazón como si fuera un hipócrita o estuviera desaprobado. Sabe que observa los mandamientos de Dios y hace lo que le agrada a su Padre, por lo que se siente libre tanto para expresarse como para hacer sus peticiones a Jehová. No se siente como si Dios le restringiera el privilegio de lo que puede decir o pedir. (Compárese con Nú 12:10-15; Job 40:1-5; Lam 3:40-44; 1Pe 3:7.) Tampoco se inhibe por temores mórbidos ni se encamina al “día del juicio” con remordimientos de conciencia o algo que ocultar. (Compárese con Heb 10:27, 31.) Al contrario, igual que un niño que no teme pedir algo a sus amorosos padres, el cristiano en quien el amor está plenamente desarrollado se siente seguro de que “no importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye. Además, si sabemos que nos oye respecto a cualquier cosa que estemos pidiendo, sabemos que hemos de tener las cosas pedidas porque se las hemos pedido a él”. (1Jn 5:14, 15.)
Sin embargo, este ‘amor perfecto’ no echa fuera todo temor. No elimina el temor reverencial y filial a Dios, que nace de un profundo respeto por la posición que Él ocupa, su poder y su justicia. (Sl 111:9, 10; Heb 11:7.) Tampoco suprime el temor normal, gracias al cual una persona puede evitar el peligro y proteger su vida, ni el temor causado por un peligro repentino. (Compárese con 1Sa 21:10-15; 2Co 11:32, 33; Job 37:1-5; Hab 3:16, 18.)
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