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Y SI PUDIERAN HABLAR; QUÉ DIRÍAN...?  (LOS MALETINES)

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Y SI PUDIERAN HABLAR; QUÉ DIRÍAN...?  (LOS MALETINES)

 

Por increíble que les parezca se me concedió escuchar una conversación muy amena y poco convencional. Era un día de asamblea, justo durante el receso y se encontraban todos los portafolios y las bolsas de los hermanos adentro del local de asamblea. De pronto empecé a escuchar voces y pensé que venían de afuera, pero no, eran adentro;  justo bajo mis pies el portafolio del hermano Honrado Servicial, anciano de la congregación, estaba hablando dirigiéndose a todos los demás:

– Así es hermanos  -decía-  cada uno de nosotros tiene una función muy especial, yo he cargado muchos asuntos de la congregación dentro de mí. Honrado me ha confiado muchos papeles importantes, siempre estoy lleno, pero bien ordenado;  nunca tiene problemas para encontrar lo que busca.

Observé con atención y me di cuenta que el portafolio que hablaba era de color vino, con bolsas y compartimentos por todos lados, se veía maduro por decirlo así, pues a pesar de que no era muy nuevo estaba en muy buen estado.  Todavía no me reponía del asombro cuando pegué un brinco al escuchar una vocecita, era la voz del portafolito de Jovial, el hijo del hermano Honrado, y decía con un tono indiscreto:

–Yo cuando sea grande voy a ser el portafolio de un anciano también, porque Jovial dice que va a ser como su papá y cargaré dentro de mí, documentos muy importantes y discursos y los informes y tal vez hasta subamos juntos  a la plataforma…

– Si hijito,-le dijo el portafolio maduro-  llegarás a ser todo un portafolio de anciano de congregación.  Todos se rieron.. .

De pronto habló una bolsa azul, también era un poco antigua pero bien conservada, era la de la hermana Blanca Paciente, y dirigiéndose a todos tomó la palabra:

–Yo he sido la fiel compañera de Blanca;  dentro de mí, hasta me ha tocado llevar mamaderas, de cuando todos sus hijitos eran niños, la pobre corría para no desatender nada, ni a sus hijos ni su servicio; también he cargado dulces, siempre tengo todo lo necesario para el lugar preciso. Blanca es muy precavida, y no me cambia ni cuando es día de predicar, sin duda soy su preferida...

La interrumpió un portafolio muy viejito y desgastado y dijo:

– ¡Pre-fe-ri-do yo! ¡Que en verdad me quieren!  Todos voltean a mirarlo. ¡Claro! Se trataba del portafolio del hermano Sereno Leal, un ejemplo para todos, ya que a sus 90 años no deja de predicar nunca, ya me imaginaba lo mucho que podía decir su portafolio y así fue. Con palabras  tambaleantes pero a la vez claras dijo:

– ¡Cuantas cosas les puedo platicar!  Sereno y yo estamos juntos desde hace tantos años, que ya perdí la cuenta, le estoy tan agradecido porque no me ha cambiado, a pesar de que los hermanos de la congregación le han regalado portafolios nuevos y no, no me cambia, aunque estoy viejo sigo siendo ligero y a veces hasta he podido cargar la Biblia de letra grande y la literatura necesaria para ir a predicar que es lo que más disfruto, ya conforme avanza el día Sereno me va aligerando la carga, porque colocamos muchas revistas.

–¡Qué bonito! -contestó otro portafolio, y siguió hablando:

– A mi me gustaría que Andante fuera así, -(dijo con tono nostálgico) -pero siempre estoy lleno de cosas, las revistas nuevas, los libros nuevos y como nunca los lee, pues siempre estoy desbordando. Bueno a veces si me ordena pero no revisa si me lleva con lo indispensable según la ocasión. Por ejemplo hoy no tengo lo necesario para la asamblea, creo que traigo lo mismo desde el domingo pasado que predicó un rato y ya no me volvió a abrir, es agradable andar con él, pero me gustaría que predicara más, así no estaría siempre tan lleno y si tan solo se preparara para las reuniones, pues se daría cuenta que no es necesario llenarme de todo.

Al ver detenidamente el portafolio descubrí que se trataba del de Andante Ocupado, un hermano que trabajaba mucho y a veces no lograba llegar a las reuniones y pues… ya no digo más; su portafolio lo dijo todo.

 

Atónita y algo aturdida y ante tan singular situación seguí escuchando. Noté que ahora tomó la palabra una bolsa roja, muy bonita y elegante, pero me intrigó que era muy pequeña, con voz firme y juvenil dijo:

– Yo soy feliz, porque casi nunca cargo nada, hoy traigo un lápiz labial rojo y un espejo, uuhhmm  creo que traigo una pequeña Biblia y una libreta, pero Lejana no la ha sacado hoy para nada.  -Todos se quedaron callados y tras una breve pausa continuó:

– Me pregunto por qué me trajo hoy a mí, creo que porque le convino con los zapatos... si, son rojos como yo, por eso vine hoy a la asamblea, mañana, seguramente vendrá otra de sus bolsas, todas somos pequeñas e incluimos un pequeño espejo.  Lejana siempre viene prevenida, bueno, con el maquillaje adecuado para cualquier ocasión.

Se miraron entre ellos y el portafolio del anciano Honrado Servicial le preguntó:

– ¿Quiere decir que Lejana no carga la literatura necesaria para las actividades cristianas? Entonces contestó la bolsa roja un poco incómoda :

– No, al menos yo nunca me he visto así como ustedes ni tengo experiencias en la predicación, o tal vez una que otra pero es tan retirada que ya ni me acuerdo.

Pues ya no fue difícil para mí reconocer la bolsa de una joven a quien sus padres desde niña llevaban a las reuniones, pero de un tiempo para acá ha cambiado mucho, ya casi no se le ve en las actividades cristianas y tampoco necesito decirles más, su bolsa dejó ver claramente la postura de Lejana.

Seguían hablando uno y otro, uno platicó que conocía el portafolio de un superintendente de circuito y éste le había contado tantas experiencias que habían pasado como años tenía de existir. No podía creer lo que me estaba pasando, ¡poder oír una conversación así!

Súbitamente recordé que mi propio portafolios estaba ahí; me asomé bajo mis pies, si, ¡ahí estaba!  Todavía no decía nada, pero ¿les digo la verdad? Tampoco lo quería oír.  Justo iba a tomar la palabra cuando me incliné hacia él y todos se quedaron callados al percatarse de mi presencia; como si nunca hubieran dicho nada. Lo jalé hacia mí y tome en mi mano...

No sin antes revisarlo brevemente.  !Eran demasiadas emociones para un mismo día!

Lo llevé conmigo y una vez concluida la asamblea, en mi casa, traté de hacerlo hablar.

–Dime, ¿Qué piensas? ¿Cómo te va conmigo, eh..? No dijo nada, es decir, no emitió palabra alguna...  Decidí juntarlo con otros portafolios, carteras y bolsas para ver que cuchicheaban pero no logré pillarlos. Creo que de ahora en adelante van a tener más cuidado cuando platiquen, de eso estoy seguro,  ...pero yo también tendré más cuidado en lo que mi portafolios pueda decir.

Y díganme...  si hablaran los suyos,  ¿qué dirían sus portafolios, carteras o bolsas?

Efesios 5: 15, 16

"Así es que vigilen cuidadosamente que su manera de andar no sea como imprudentes, sino como sabios, comprándose todo el tiempo oportuno que queda, porque los días son inicuos."

 

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